Lo dijo bien Juan García del Comité de Inmigrantes en Acción (elPeriódico 29/04/08): El presidente Álvaro Colom se equivocó al pedir al gobernante de EE.UU., George Bush, un TPS para los inmigrantes guatemaltecos. En su viaje de esta semana a Washington, Colom tuvo que haber iniciado (o concluido, si es que hubiera un proceso en marcha) una negociación de moratoria de deportaciones masivas, pues en las condiciones actuales Guatemala no aplica al TPS.
Como se sabe, el TPS, basado en una reforma a la legislación migratoria de EE.UU., es un programa que ampara temporalmente a los ciudadanos inmigrantes de países que atraviesan un conflicto armado, que sufren un desastre natural o ambiental, u otras condiciones adversas extraordinarias y pasajeras. Guatemala tuvo ocasión de gestionar ese amparo en 1998 tras sufrir las secuelas del huracán Mitch, e incluso en 2005 por los desastres causados por la tormenta Stan. Pero ahora no existe un argumento que sustente la petición de un TPS, ni siquiera la alerta de crisis alimentaria decretada por el Gobierno, pues el hambre no es resultado de un desastre ecológico, sino de la acumulación de rezagos históricos, asociados a la manera como opera nuestro sistema económico.
El TPS otorga un estatus muy apreciado, pues significa que los inmigrantes indocumentados no pueden ser deportados y reciben un permiso de trabajo temporal (no una residencia permanente).
Con el Mitch, inmigrantes de Honduras, Nicaragua y El Salvador se beneficiaron del TPS por la acción conjunta y oportuna de sus gobiernos. En 2001, tras los terremotos de enero y febrero
que provocaron una apreciable destrucción en El Salvador, el Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. concedió una prórroga del TPS a los inmigrantes salvadoreños. Perú también solicitó ese amparo tras sufrir un terremoto en agosto del año pasado. Solo nuestros conciudadanos han quedado a la deriva.
En año electoral no es viable una reforma migratoria en EE.UU., pero el Gobierno puede negociar una moratoria de deportaciones. Un argumento es la crisis económica y el boom del crimen organizado que es una amenaza para la seguridad de EE.UU. Claro, se necesita un cabildeo profesional (para sufragarlo hay que encontrar cooperación) y una coalición amplia –no un bloque de países– con organismos no gubernamentales, incluyendo las iglesias, que son poderosos y estarían dispuestos a apoyar a nuestros compatriotas. Al Gobierno le toca la iniciativa.
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