El ministro de Gobernación, Vinicio Gómez, reveló haber tenido una plática con el Alcalde metropolitano para evaluar el incidente en el que agentes de la Policía Municipal de Tránsito agredieron a agentes de la Policía Nacional Civil.
Desde una perspectiva política, es loable que el Ministro converse con el Alcalde para evitar asperezas entre ambos cargos y establecer lineamientos comunes para evitar este tipo de incidentes.
Sin embargo, el encuentro entraña riesgos para el Ministro. Fue él quien acudió a reunirse con el Alcalde, lo cual puede dar la impresión de que la entrevista fue pedida en un afán de dar explicaciones al Alcalde, congraciarse con él y reconocer la posición dominante que el alcalde busca proyectar acerca de sí mismo. La entrevista puede también ser leída como una aceptación de las asimetrías existentes entre la imagen de la PNC y la de la PMT.
Pero no nos confundamos. El Ministro no está en modo alguno en una posición de inferioridad respecto a la del Alcalde. Es probable que lo que contribuya a esta percepción tenga que ver con el aparato propagandístico de la municipalidad, cuya finalidad es proyectar la imagen pública del Alcalde. En este sentido, la maquinaria comunicacional del Gobierno ha fallado pues es poco lo que se ha dicho de las profundas transformaciones que se están operando en la PNC gracias al trabajo del Ministro, en donde ya empieza a verse una presión de agentes honestos para impedir que los corruptos operen impunemente. La Oficina de Responsabilidad Profesional (ORP) de la PNC recibe ahora más denuncias de agentes contra abusos perpetrados por otros agentes. Eso es algo que todavía no sucede en la Policía Municipal de Tránsito, en donde no existe un ente para disciplinar a los agentes que se corrompen.
La PNC carga con el peso de una imagen corrupta, y es tal ese peso que los esfuerzos de Gómez por elevar la moral y el orgullo profesional de los agentes no son reconocidos. La PMT, por el contrario, todavía es percibida como honrada en relación a la PNC. Sin embargo, creo que esa apreciación pública empieza a erosionarse con la actitud prepotente de los agentes, y por los frecuentes incidentes violentos en los que se han implicado. El enfrentamiento con la PNC, la actitud irreflexiva asumida por Arzú de respaldarles y su negativa a promover investigaciones sobre el desempeño de los agentes de tránsito, como hizo con el caso de las agresiones a vendedores y periodistas en el Hospital Roosevelt, más que favorecerlos, aceleran la pérdida de respeto y aprecio entre la población. Algo nada deseable.
El Ministro hizo bien en discutir con Arzú, pero no debe ceder a las presiones municipales para aceptar la versión de la PMT. Debe pedir a la ORP que investigue los hechos y a la vez poner a disposición del Ministerio Público ese reporte para esclarecer la responsabilidad de los agentes implicados. Esto, estamos seguros, es algo que el alcalde Arzú no hará en la PMT. Y es algo que marca la diferencia entre un ministro respetuoso de la ley y un Alcalde que gusta de ponerse por encima de ella.
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