Se respiran aires nuevos; salgo a la calle y no reconozco esta Guatemala llena de fiesta. Apenas cien días y ha cambiado la ruta del país. Ya no hay miedo ni amargura. Todos ríen y cantan en la ciudad. Todos comen y bailan en el interior.
Los maestros enseñan con toda su energía, agradecidos por sus nuevos derechos. No hay colas en los hospitales públicos: casi no hay enfermos y los pocos que hay son atendidos con eficiencia robótica. Es fin de semana y los museos están igual de llenos que los centros comerciales; todos gozan de la plata que les sobra porque pagan menos luz.
Antes, los municipios más pobres eran ignorados, ahora, a cien días del Gobierno, ostracismo se escribe con una carita feliz dentro de la O inicial. ¡Gracias, Álvaro Colom!
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