En materia de ejercicio del poder político, la opción por los pobres es prioritaria. Lo que no es prioritario es la opción por mi partido político que reclama grandes dosis de clientelismo y, por ende, de asistencialismo. Allí está la falacia.
Por supuesto que grandes segmentos de la sociedad guatemalteca mueren de hambre, de enfermedades de abandono. Por supuesto que la gente tiene que echar mano a los bosques para sembrar maíz y frijol, porque es lo más inmediato para no morirse de hambre.
Pero no resolverá el problema la ya consuetudinaria estrategia del politiquero guatemalteco de “pan para hoy y hambre para mañana”. Es más, la estrategia está diseñada para no resolver nada: “Ojalá que tengás más hambre mañana para que siempre dependas de las migajas que te doy, y que no se me caen cuando como los grandes panes, que para mí obtengo del erario público”. “Ojalá tengás más hambres y así indefectiblemente tengás que comer de mi mano y votés por mí”.
Por supuesto que huelga decirlo: eso está lejísimo de ser socialdemocracia. La socialdemocracia es democrática, institucional y estructural, pero no es asistencialismo populista.
En Guatemala la opción por los pobres significa: puestos de trabajo estructurales, que cuenten con un salario digno –todo el año– en el cumplimiento total de las prestaciones que las leyes laborales reclaman y con una eficiente cobertura de previsión social. No obstante, un puesto de trabajo de tales características es un resultado, es la consecuencia de una serie de estrategias, políticas y decisiones de carácter político, que no son ni fáciles de adoptar ni fáciles de llevar a la práctica.
Un puesto de trabajo formal, lo que merece un guatemalteco, requiere ser creado por un empresario que cuente con las condiciones para invertir. Energía eléctrica, infraestructura, trabajadores debidamente educados y capacitados; seguridad jurídica, paz confianza y estabilidad.
Guatemala tiene escaso todo lo anterior. Pero lo más grave es que en el camino que llevamos, lo que nos va a hacer falta muy pronto es democracia, paz y estabilidad como lo demuestran los tristemente célebres episodios de Livingston.
En el corto plazo y sin politiquerías es imprescindible saber lo que el presidente Colom pretende hacer en el tema de la generación de energía limpia. Cuál es la verdadera estrategia en materia de educación, después de satisfacer el clientelismo magisterial, de eliminar los controles que han llevado a corregir los grandes vicios del magisterio nacional. ¿Cuál es la estrategia? Sin educación el pobre no tiene opción. Sin energía eléctrica no hay empleos estructurales.
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