Permítanme quitarme el sombrero ante estos compatriotas.
José Rodolfo Pérez Lara
Con admiración y sentimiento especial escribo estas palabras a las personas que hacen materialmente posible que, de madrugada, tengamos la oportunidad de leer elPeriódico y conocer los acontecimientos que influirán en nuestra vida. Cuando compartí con ustedes mi alegría de haber externado libremente durante todo un año, en este medio de comunicación, lo que siento y cómo siento lo que sucede a mi alrededor y cómo afecta al prójimo que a mí me ocupa, quise halagar a estos trabajadores y levantarme ese día al amanecer, para darles un apretón de manos. ¡Oh sorpresa! El halagado fui yo. ¿Tal mi admiración, cuando veo venir uno por uno, al alborada ese sinnúmero de laboriosas cabezas de familia que no tienen barreras de ninguna especie para iniciar una jornada de trabajo a las cero horas y terminarla 18 horas después? Motivo: proveer lo mejor posible a todos o a cualquiera de sus seres queridos.
Esa rutina intrascendente para ellos, a mí me eriza la piel: personas que no hacen cosas extraordinarias sino que, con dedicación y esfuerzo, las cosas ordinarias las hacen extraordinariamente bien. Les cuento mi descubrimiento: de las 0:00 a las 8:00 horas distribuyen elPeriódico y de allí en adelante se incorporan a variadas actividades laborales hasta las 18:00 horas.
Esta forma de vida es el proceder también para trabajadores de otros medios de comunicación escrita y para quienes distribuyen leche, pan y otro montón de etcéteras. Permítanme “quitarme el sombrero” ante estos compatriotas que no son excepción.
Yo imaginé encontrarme caras soñolientas, llenos de tedio y embarcados en una aventura de “¿qué otra me queda?”. Pero, ¡qué va! Perfectamente bien presentados, se preparaban con todo entusiasmo y camaradería para una jornada de dos terceras partes de un día. De acuerdo a una opinión recibida en el blog de la semana pasada, estos señores deben ser millonarios, porque según la persona que escribió el comentario, quien más trabaja es quien más bienes materiales debe poseer. Por lo menos esa impresión me dio su equivocado camino para conseguir felicidad.
A quienes hoy envío un mensaje de admiración y respeto son diferentes. Ellos sí son millonarios, millonarios de la dignidad, millonarios de amor. Lo único que siempre vale. Chapines notables y no notorios, hombres que merecen más tiempo para compartir con su familia que saben lo que valen. Dios los bendiga y la Santísima Virgen los ilumine en la vida terrenal.
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