Oye tú: ese al que llamo y no me quiere escuchar. Esa a quien hablo y no me quiere ver: ¿sabías? según diversas fuentes, Guatemala es un país eminentemente joven (como tú y como yo). Más de la mitad de la población tiene menos de 20 años de edad. De estos, aproximadamente 6 millones, el 57 por ciento vive en condiciones de pobreza. El 37 por ciento entre los 7 y 14 años trabaja, la tasa de escolaridad en el nivel básico es de 35 por ciento. Alrededor de 6 mil menores de edad viven en la calle. 49.3 por ciento es el índice de desnutrición crónica.
La juventud es una manera particular de estar en el mundo, período de potencialidad, aspiraciones, sueños, fuerza. Varias investigaciones demuestran que el aislamiento individualista hace que se declare en el joven una instintiva y explosiva reacción, provocada particularmente por la necesidad del contacto humano.
La discusión pública sobre la juventud se mueve entre la percepción de esta como amenaza para la seguridad (sin atención en los asesinos que el sistema produce) y jóvenes como fuerza principal para las transformaciones sociales. Hoy escojo ver y hablar desde la segunda. Hace poco terminé una consultoría para Plan Internacional, entre otras cosas, me tocó conocer la red de Promotores Juveniles Comunitarios (PJC) que promueve la Procuraduría de Derechos Humanos a lo largo y ancho del país.
Los PJC son una red de jóvenes, que me parece debe ser reconocida, servir de guía para otros jóvenes (con recursos y que no participan) en la búsqueda de un proyecto de suma y participación ciudadana. Esta red da un enorme sentido de pertenencia a los jóvenes, los hace ser participativos, sentirse útiles frente a sus comunidades al trabajar para que la población joven tome conciencia de sus derechos, para solucionar los problemas de su comunidad y por la formación de líderes y agentes de cambio social.
Dice Yojana, de Izabal: “se trabaja por la niñez, por la divulgación de derechos, porque hay muchos niños que no conocen sus derechos, hay mucho mal trato infantil. Trabajar como PJC es lo que más me gusta, es alegre, uno aprende de los otros, y ayuda a que otros aprendan, creo que a mi papá le gustaría verme en esto, él se sentiría orgulloso de verme trabajando así, pero como él se fue a trabajar a Estados Unidos no me puede ver”.
Dice Jennifer de Amates: “aunque yo no tengo estudios, yo veo que lo que hago es importante, porque velo porque los niños estén sanos y no sean mal tratados, ni abusados. Como PJC necesitamos muchas cosas, necesitamos conocer nuestra historia para darla a conocer, y necesitamos ver más lejos, para ayudar a que otros también lo hagan, para que vivamos con un poquito más de dignidad”.
¿Qué representan estas acciones y anhelos para Guatemala? ¿Qué expresan sobre lo que somos los jóvenes y lo que podemos ser?, ¿qué plantean para el futuro?
Enseñan que podemos ver unos centímetros más lejos, son ejemplo de grupos y experiencias positivas que dan cohesión y sentido de legitimación y pertenencia a los jóvenes. Desde sus carencias estos jóvenes suman, dan y se dan a los otros.
¿Y si no hacemos y pensamos nosotros también desde la suma? Desde la expresión de lo que los jóvenes somos aquí y ahora, y de lo que podríamos ser unidos allí y entonces. Es mucho lo que tenemos en común, vamos quizá tras el mismo sueño.
Podemos pensar y hacer desde una agenda común: recuperar experiencias para traducirlas a otros, exigir al Presidente el cumplimiento del pacto firmado con la Coordinadora Juventud por Guatemala, al Ministro de Educación, a las organizaciones para la juventud, a ti amigo lector, participación en la construcción de un proyecto con y para la juventud:
Sumar para dar voz, expresión, cohesión, seguridad y libertad a la juventud, dejándoles canalizar su enorme caudal de potencial y energía para convertir este “hoyo negro” que Guatemala es, en un espacio de esperanza. Oye tú, escúchame, ven, conversemos, a ti te pregunto: ¿y por qué no sumar?, el desafío es inmenso, pero ya verás, los resultados nos podrían hacer quizá un poquito más humanos.
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