Diariamente nos enfrentamos con una triste realidad: La Antigua está perdiendo su encanto. Los esfuerzos de la generación anterior para salvar la magia de su centro histórico se acabó. Ahora nos enfrentamos con vehículos de grandes dimensiones por el parque central sin que nadie le ponga importancia. La cultura de agresividad que encontramos en los transportistas hace la vida de este pueblo insoportable. ¿Quién nos da aliento? ¿Quién puede devolver el ambiente de paz y tranquilidad que todos anhelamos? Pido a todos mis vecinos que apoyen cualquier iniciativa que favorece al retorno a la Antigua que todos amamos.
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