Durante las últimas semanas hemos asistido a un triste espectáculo, preparado y consumado por la pareja presidencial. El engaño, la mentira y la burla a los guatemaltecos, han sido los denominadores comunes. Los ejemplos abundan; plan de los cien días, lanzar globitos en cualquier tema para retractarse al día siguiente. Una coyuntura en especial llama la atención, el hambre, por su alto impacto social y la farsa con la que pretenden solucionarlo, atole con el dedo. Las similitudes con Portillo son cada día más evidentes y alarmantes.
En un anterior despacho ministerial refería la postración que sufren las instituciones del Estado por el falso aprovechamiento de una transición ordenada, y la salida por las malas de los equipos dirigenciales de los ministerios, para ser sustituidos por amigos (de lo ajeno), exportillistas, personas del partido poco calificadas, etcétera. El Ministerio de Agricultura que conozco muy bien por haberlo dirigido durante casi tres años y que da el título a esta columna, es uno de los casos más patéticos.
Todos, absolutamente todos, los nuevos pasos anunciados para solucionar el problema del hambre, son trabajos de arrastre diseñados e implementados desde la administración anterior, con el mismo o menor presupuesto, con el agravante de haber despedido a la materia gris del Ministerio. El Ministerio ahora es dirigido por un pelito agrónomo, sin experiencia, escribo pelito, porque de perito no tiene un pelo. Durante mi paso en el Ministerio de Agricultura, fue la primera vez que el mismo Ministro, públicamente expresó que en Guatemala se debería abandonar paulatinamente el cultivo del maíz en pro de la diversificación, pero paralelamente, durante los cuatro años se rompieron los récords sucesivamente de producción de maíz en el país. El programa de fertilizantes fue un éxito y más de un millón de familias campesinas recibieron el fertilizante, más importante aún, lo recibieron a tiempo, léase antes de sembrar o sea antes de mayo cuando ya está lloviendo, ya después para qué.
Esto sucedió inclusive en el primer año de la administración de Berger en 2004, contra viento y marea, tolerando la crítica de la prensa. El fertilizante se distribuyó por medio de los alcaldes, todavía conservo más de 200 cartas de agradecimiento que recibí de ellos, de todos los partidos incluidos varias docenas de la UNE, que nunca habían sido tomados en cuenta anteriormente y se nota que no lo volverán a ser. Los casos de falsos nuevos programas siguen abundando, el plan de arrendamiento del Fondo de Tierras, las semillas mejoradas y muchos otros programas implementados desde 2004, para iniciar la solución de largo plazo se ven ahora truncadas al ser decapitados los equipos que las dirigían y además disminuidos o desviados sus presupuestos, vaya a saber usted para qué, o para quién, atole con el dedo. No entiendo la falta de denuncia del Sitramaga ante este abuso de masivos despidos injustificados y la falta de pago desde enero que tiene desincentivados a los trabajadores.
Pero lo peor lo han escondido muy bien y la prensa no lo ha descubierto, durante el último año de Portillo, el Maga únicamente distribuyó 1,000 toneladas de alimentos en las zonas de hambruna, desde el primer año de nuestra administración y los sucesivos, el Estado repartió más de 10 mil toneladas, por lo que no se solucionó el problema del hambre, pero si se atendió, que para eso está el Gobierno y su presupuesto, para servir y no para servirse. Qué están haciendo, en dónde están parando esos recursos, son interrogantes importantes que deben ser atendidas. La alimentación escolar estuvo a cargo del Maga en 2004 y estuvo en el 100 por ciento de las escuelas desde el 1 de febrero a 16 días de haber tomado posesión. Todavía me recuerdo en aquellos años, en el extremo sur de Retalhuleu hubo sequía, como suele suceder casi todos los años por allá, recibí y atendí una llamada del diputado de la UNE por aquel departamento, hoy Ministro, solicitando ayuda para su gente. Todas las solicitudes de apoyos por hambre fueron atendidas con celeridad, fueran estas de alcaldes o, inclusive, como en este caso, si eran de diputados de partidos opositores que nos hacían la vida imposible en el Congreso con citaciones. Incluso fui reclamado, en más de una oportunidad, por miembros de mi partido por estar apoyando a la oposición, pero al explicarles las razones y circunstancias entendieron y siempre me apoyaron, al igual que el presidente Berger. El hambre en Guatemala no es un tema fácil de solucionar, si es un tema fácil de manipular, pero los sectores populares que la sufren, no se llenan los estómagos con mentiras y falsedades de un presidente, ni de nadie. Debemos exigir seriedad y no atole con el dedo o pajas como está sucediendo hoy en Guatemalita.
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