Indiana y Carolina del Norte deciden hoy el destino de Hillary Clinton y Barack Obama. La señora Clinton está urgida de mostrar su fortaleza en Indiana y no permitir que Obama le saque demasiada ventaja en porcentaje de votos en Carolina del Norte, para poder mantenerse en la competencia. Aunque la señora Clinton no acumule el mismo número de delegados que Obama, necesita mostrar su arrastre en el voto popular, porque con el argumento de que los votos recibidos son tantos o más que los de Obama puede retorcerle el brazo a los superdelegados y eventualmente hacerse de la nominación.
Clinton tiene a su favor el haber ganado en los estados más poblados: Nueva York, California, Texas (aquí ganó las primarias, no las asambleas). Y además, triunfó en los que han sido decisivos en elecciones anteriores, como Ohio y Pensilvania, sitios en donde los candidatos demócratas mostraron ser débiles en las dos elecciones anteriores. Por otra parte, la longitud de la campaña y la persistencia de ella en mantenerse es otra razón que desea esgrimir como una candidata confiable, “todo terreno”, capaz de sobrevivir la dureza de una campaña nacional y la eventual virulencia de los ataque que puedan venir del lado republicano.
A Obama, el candidato más carismático que los demócratas han tenido probablemente desde los dos Kennedy asesinados, le ayudaba su capacidad para despertar la expectativa de un futuro mejor, su oratoria convincente y la percepción de ser un afroamericano no amenazante para los blancos. En general, en Estados Unidos el estilo de los políticos negros, la retórica que utilizan y su visión del entorno social norteamericano suele irritar a los votantes blancos. Obama descafeinó su retórica y la hizo más atractiva para todo tipo de votantes que no solo lo vieron como no confrontativo, sino también más cercano al estilo blanco de hacer campaña. En términos groseros, Obama es un negro que a los blancos no les parece tan negro… O lo era hasta que apareció su pastor James Wright, elogiando al controversial Louis Farrakahn y atacando a los blancos y al propio establishment político estadounidense. Esto, sumado al pertinaz ataque al que lo ha sometido la señora Clinton, señalando inconsistencias de sus propuestas y de su personalidad, le hicieron perder la compostura –ha tenido que responder a los ataques con más ataques– y han disminuido su aura de político distinto e invencible.
No obstante, Obama tiene todavía a su favor una leve ventaja en las encuestas y, lo que es más importante, el mayor número de delegados comprometidos y también el haber recibido más votos. Pero necesita derrotar convincentemente a Clinton en Carolina del Norte e impedir que lo humille en Indiana.
Todo esto hace que el resultado de las primarias de hoy sea crucial para decidir, por fin, quién será el o la que compita con John McCain en noviembre, en una campaña que ya no se anticipa como fácil para los demócratas.
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