Con el nombre de Chiquitania es conocida una tercera parte del territorio del departamento de Santa Cruz en Bolivia. La denominación se la dieron los misioneros jesuitas quienes a finales del siglo XVII llegaron por vez primera a esa región en un viaje al Paraguay, encontrándose con chozas dispersas en la selva, cada una con una puerta de acceso muy pequeña, por lo que imaginaron a los habitantes como “chiquitos”; siendo la verdadera razón el que de esa manera protegían sus hogares de animales y del ataque con flechas de otras tribus, siendo la mayoría de la etnia guaraní; pero el nombre de Chiquitania quedó para siempre.
Los jesuitas decidieron quedarse en esa zona para evangelizar y proteger a los nativos de la amenaza constante del tráfico de esclavos practicado por los bandeirizantes brasileiros, y para ello efectuaron una reducción al estilo de la colonización en otros sitios de América, en que trasladaban a los habitantes dispersos a vivir en comunidades más urbanas, construyendo 10 pueblos en un territorio mayor que la actual Guatemala.
En la Chiquitania los jesuitas intentaron construir una organización social acorde a la cultura de los nativos, al tiempo que les enseñaban la escritura en sus lenguas nativas, les evangelizaban en la religión católica y les acompañaban en sus faenas productivas. En los casi cien años que duró la presencia de los jesuitas en la zona, se construyó una serie de pueblos muy bien acondicionados, cada uno de ellos con una preciosa iglesia de madera que se conservan gracias a la intervención reconstructiva efectuada hace unos cincuenta años. También les enseñaron música, resultando en unos excelentes interpretes, tradición que perdura hasta la fecha y que se conmemora anualmente con un ya famoso festival internacional de música barroca, interpretada por propios y extraños.
Esa organización funcionó de manera ejemplar hasta que por orden del Rey de España, en el año 1767, los jesuitas fueron echados de la región, dejando a los pobladores sin el apoyo que les permitió, durante casi un siglo, intentar construir una utopía. La decadencia de los poblados erigidos durante la presencia de los jesuitas fue notoria desde su partida.
El proyecto utópico de la Chiquitania, conocido también como de la misión de los jesuitas, permanece en la memoria colectiva, no siendo pues la primera vez que en el departamento de Santa Cruz se intenta vivir su propio estilo, construyendo un orden social propio, una autonomía.
El deseo autonómico de Santa Cruz es ya antiguo; en una visita que realicé hace varios años, cuando aun no se perfilaba para presidente Evo Morales, constaté esa aspiración, tanto en conversaciones con cruceños como en grafitos en las calles y en comentarios de los medios de comunicación social.
Pero el proceso se aceleró por las políticas de tipo populista que intenta imponer el gobierno actual de Bolivia, y que no son aceptadas por la mayoría de pobladores de ese departamento, así como de los de Pando, Beni y Tarija, como quedó evidenciado con el contundente “sí” a la autonomía de la consulta efectuada hace un año, y hoy con el reciente referéndum en que definieron su estatuto.
La experiencia que está viviendo ese país sudamericano es muy compleja, y enseña que las identidades y aspiraciones por el futuro de las regiones no deben pasarse por alto cuando se planifican políticas públicas, políticas que obviamente deben ser respetadas y asumidas por todos, pero a partir del consenso y del tomar en cuenta las aspiraciones de los diversos territorios de un país. El tomar en cuenta a todos ellos hace que los procesos de consulta sean mucho más complicados y engorrosos, pero a la postre es la única manera de garantizar que esas políticas serán asumidas y permanecerán en el tiempo.
Veremos qué sucede en el futuro inmediato, mientras tanto, ¡la utopía perdura¡
Quetzaltenango, 5 de mayo de 2008.
Agregar comentario:
2 comentarios: