Cuando fuimos incapaces de reaccionar ante el primer asesinato, quedaron abiertas las puertas, de par en par, para todos los asesinatos sucesivos. En tanto lloremos por los muertos pero lo hagamos con agenda política –lloramos por unos, sí, aquellos que nos son afines– pero, hasta allí llegamos, y no logramos hacerlo por los otros. Lloramos por muchos, pero somos incapaces de llorar por uno solo, como que si uno solo no importase, nada habrá cambiado entre nosotros. Bruderer, Von Spreti, Gordon Mein, Roni Elmer Orellana, López Larrave, Monzón Paz, Mijangos, Otten Prado, David Guerra Guzmán…Algunos de los nombres que sabemos. ¿Y todos los demás? Poco a poco los nombres dejaron de importarnos.
“No hemos sido capaces de dar sentido a nuestros mártires, el único posible, aquel que permita generar esa patria distinta que hasta ahora seguimos incapaces de forjar. Patria que deje de serlo de unos pocos y llegue a ser...”. La cita es de don Severo Martínez Peláez, patria de todos.
Es demasiado, al parecer, el odio que existe entre nosotros. Nuestra falta de piedad es absoluta y demasiado grave resulta nuestra incoherencia, pretendiendo que se nos respete cuando no respetamos.
Estamos ciegos y sordos. Somos incapaces de comprender el significado y la importancia de una vida y tenemos la osadía de pretender que lo comprendemos todo. La falta de respeto por el ser humano, la instrumentalización del hombre nos tienen como estamos. Si son muchos los muertos, entonces sí les damos un cacho de importancia, pero si se trata de uno solo, pareciera no importarnos.
Todavía nos conmueven las masacres. ¿Nos conmueven? Pero si se trata tan solo de una sola vida atropellada, entonces pareciera ser que definitivamente no importara.
Existe una cita pendiente de todos nosotros con la historia a la que pareciese ser que ninguno quisiera concurrir. ¿Valió la pena el primer asesinato? ¿Está justificado el atropello de una vida? ¿Era el sueño revolucionario más importante que lo que podía ser un simple ser humano? ¿Lo era la seguridad del Estado?
Algunos jóvenes podrían pensar que, a estas alturas, todo esto carece de importancia, pero, ¿cómo construir una patria distinta sobre esas tierras movedizas del pasado? ¿Por qué existe ese irrespeto por la vida que existe en Guatemala y que nos afecta a todos incluso a jóvenes y niños? ¿No será acaso que se trata de una necesaria cosecha? ¿No será que el actual irrespeto empezó a gestarse en aquella primera vida que no fuera respetada?
Que los jóvenes no creen que sea con ellos la cosa ¡Bah!
Agregar comentario:
11 comentarios: