Cada Tribunal impone sus propias normas y, así, existen tribunales en que usted es atendido, teóricamente, de las nueve a las once. Otros le atenderán, supuestamente, de las once a las tres y otros dejarán de atenderle a las dos. Cada cual hace, simple y llanamente, lo que se le viene en gana.
A estos horarios, teóricos, deben de sumarse los establecidos por sí, para sí y ante sí por cada empleado, recetados ¡claro está! a la mejor conveniencia de cada uno: Refacciones, almuerzos, tentempiés y otros…
La Corte Suprema de Justicia pareciera que estuviese pintada en la pared, como que si nada le importase o como que si no pudiese hacer absolutamente nada.
Al igual que no se cumplen los horarios, tampoco los plazos y, así, se van gestando una serie de farsas, haciéndose aparentar, por ejemplo, que las resoluciones se producen en las fechas en que deben producirse, sea cual sea el día en que verdaderamente se producen.
Y, así se encontraba reunido en cierta ocasión, el personal casi en pleno de uno de los tribunales del orden civil, y hacía comentarios sumamente duros con respecto a un oficial de nuevo ingreso. “Es que es un perfecto imbécil”, afirmaban unos; a lo que otros agregaban, “y un absoluto animal”. “Es un idiota”, sentenciaban todos. Un abogado curioso preguntó a qué se debía tanto alboroto, y esta fue la respuesta que le dieran, “se da usted cuenta, abogado, de lo que hizo este cretino: Resolvía los memoriales asentando la fecha real en que los estaba resolviendo y ahora, como usted comprenderá, habrá quedado una prueba irrefutable de que no cumplimos con los plazos judiciales…”
El pobre “cretino”, por su parte, se encontraba apabullado, tal la paliza verbal había recibido, pero dispuesto a “reformarse” y con un auténtico propósito de enmienda, la de resolver en el futuro con la fecha en que, de conformidad con la ley, debía hacerlo, independientemente del día en que lo hiciera. El joven, pues, había sido reducido al sistema y, además, había ya abrazado, ¡faltaba más!, los horarios teóricos en la jungla de los horarios que han sido establecidos. De momento, y para reponerse del susto, ¿qué mejor que un buen almuerzo y ya en su propio horario? Que alguien se encuentra en el juzgado para ser atendido, pues que espere: ¡Un nuevo burócrata ha nacido para el mundo!
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