Conjurar el desabastecimiento de combustibles mediante un Estado de Prevención y el uso de la fuerza pública supone un éxito para el Gobierno. Pero solo un éxito momentáneo. El Presidente se desembarazó quizá del menor de los riesgos que enfrentaba una semana atrás. Su problema mayor tiene que ver con la economía, la crisis que galopa mientras usted lee estas líneas.
Hay elementos para creer que el paro de transporte también está motivado por el interés de los transportistas en conseguir un incremento a las tarifas de sus servicios, más allá de los ajustes constantes por el alza al precio del búnker. La disputa con la Municipalidad y los reclamos de los pilotos servirían para crear el clima apropiado a sus demandas. Y por mucho que a todos nos parezca condenable e irracional el método, ¿acaso no era previsible ese encarecimiento de los fletes? El barril de petróleo roza hoy el precio de US$125. Junto al alza en las tarifas del transporte se puede prever un incremento generalizado de los precios de otros productos. No olvide que la inflación alcanzó, según reportes oficiales de abril, 10 por ciento en el renglón de alimentos y bebidas. Esta semana ha habido desórdenes provocados por el alza a las tarifas de transporte colectivo de rutas cortas en diferentes puntos. Xela ha tenido incluso un paro de buses.
El Gobierno enfrenta una crisis económica de proporciones aún desconocidas. Y esa crisis le obliga a distraerse de sus planes originales en caso que los hubiera tenido. Los reportes no oficiales sugieren que las ventas de restaurantes de comida rápida se han reducido hasta en un 25 por ciento en las últimas semanas. Hay despidos en ese sector. Deténgase un momento y preste atención a su alrededor: cada vez hay menos albañiles en las obras. Algunos expertos sugieren que nuestra propia burbuja inmobiliaria, esa que ha llevado los precios de venta de los terrenos bien situados, apartamentos de lujo y las casas construidas para la burguesía a alturas estratosféricas, está a punto de estallar.
Que un experto como Edín Barrientos (ex ministro de Agricultura, coordinador de productores de granos básicos) hable de una probable reducción del 30 por ciento en la cosecha de maíz de este año, debido a la escasez de semilla y la falta de oportuna distribución de fertilizante, solo añade motivos para preocuparse. Menos maíz, quizá incluso menos frijol, en un país con precariedad alimentaria significa peligro de hambre para los más pobres. Y sin duda habrá menos remesas enviadas desde EE.UU. además.
El gobierno de Colom anunció acciones para incrementar la cosecha de granos, pero su Ministro de Agricultura no parece haber logrado el objetivo a tiempo. Con la temporada de lluvias a punto de establecerse la meta es ya muy difícil de alcanzar. Aunque alguna esperanza ofrece el hecho que el Presidente haya encomendado parte de la tarea a los cooperativistas.
Me temo que el Gobierno estaría en mejor situación para afrontar esta crisis, de no haber entrado a saco con la estructura del Estado. De nuevo se ha hecho fiesta con las plazas, incluso de técnicos que habían sobrevivido en sus puestos durante las últimas tres gestiones. Vea el caso de Segeplan.
¿Eliminar impuestos a los combustibles para reducir el impacto de su encarecimiento? ¿Prescindir de ingresos fiscales cuando el Estado requiere más de ellos para abordar la crisis? ¿Incrementar la producción nacional de petróleo?
Buena parte de las potenciales soluciones pasan por el Congreso. Y ahí el Gobierno aún se bate entre la voracidad de su bancada –aplacada por ahora con unos cuantos confites como la desaparición del Pronade– y la dureza de los opositores a los cuales arremete sin piedad. ¿O usted cree que fue casual la captura de la hermana de Gudy Rivera, diputado patriota, en la víspera de la interpelación del ministro Robles? Es una pena no ser optimista, pero las cosas no pintan bonitas.
Agregar comentario:
17 comentarios: