En la edición del 24 de marzo, uno de los derrotados del 54, o uno de sus herederos, Luis Ernesto de León Mejía, arremete con los mismos argumentos en contra de Castillo Armas, Sandoval Alarcón y la Liberación. Aclaro: los liberacionistas no fuimos mercenarios, fuimos guatemaltecos patriotas. La Reforma Agraria del comunismo prestaba la tierra a los campesinos. Desde el triunfo de la liberación, la tierra se distribuyó en propiedad. Los liberacionistas luchamos en un frente sólido a cara descubierta; no hubo mercenarios, no hubo secuestros, no hubo asaltos con ocasión de robo, no hubo destrucción de infraestructura nacional o particular, no se incendiaron almacenes de maquinaria o cosechas, no hubo asesinatos. Triunfamos en pocos días, porque la razón y el pueblo estuvieron con nosotros.
Derrocamos al Gobierno comunista que persiguió, encarceló y expatrió a miles de guatemaltecos, y finalizó su “primavera democrática” inaugurando los cementerios clandestinos. Su guerrilla, la de los comanches, usó mercenarios, armas, dinero y ayudas de toda índole de los extranjeros financieros de la muerte; utilizó cuanta bajeza pueda imaginarse por más de 30 años, logrando, incluso, un bloqueo sobre compras de armas, municiones y repuestos, para debilitar a nuestras fuerzas armadas, y ni así lograron triunfar, porque el pueblo no les dio su apoyo. Y el tiempo sí nos dio la razón, la democracia impera no solo en Guatemala, sino en el mundo entero.
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