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Esta historia me la contó un taxista famoso, el ine-fable Dónerick. El asegura que la protagonizó un conocido suyo allá por el año 2000, y que ni él ni su amigo han terminado aún de salir de su asombro. Resulta que este conocido vio, hace ocho años, en un periódico guatemalteco, un anuncio que decía: “Vendo Mercedes 95 en buen estado; precio: 5,000 quetzales”. Y, por supuesto, pensó que no podía tratarse sino de una broma, que el auto seguramente estaría tan destartalado, que incluso pagarían por llevárselo. Sin embargo, el anuncio continuó apareciendo durante dos meses más, lo que acabó intrigándolo y le hizo llamar por teléfono para averiguar si podía ir a examinarlo. La señora que le respondió dijo que, efectivamente, aún estaba en venta, y que podía pasar ese mismo día. El amigo se sorprendió al constatar que el barrio era de gente adinerada. La dueña lo recibió con gran amabilidad y le informó que era prácticamente la primera persona que se mostraba de verdad interesada en el automóvil. Cuando el hombre vio el carro, casi no podía creerlo: estaba nítido, con el motor y la carrocería impecables. “¿Cinco mil dólares o quetzales?”, se atrevió a balbucear. “¡Quetzales, por supuesto!”, enfatizó la dama. No lo pensó dos veces. “Ha de estar loca”, se dijo. Así que hicieron el trato. Sin embargo, una vez firmados los papeles, la curiosidad lo empujó a averiguar por qué ella lo vendía a ese precio. “Simple –contestó la señora. Mi marido murió hace tres meses y supe entonces, por el testamento, que tenía un hijo ilegítimo de 15 años al que le destinaba, como herencia, el monto de la venta del Mercedes. Así que yo cumplí ya con mi parte”, agregó. Y bueno, a mí esta historia me pareció muy simpática y conmovedora. ¡Feliz día de las madres! |
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