El bullicio grosero y despiadado de la publicidad y el consumismo grosero siempre ensombrece las festividades más significativas, porque perdidos en regalos, restaurantes y multitudes olvidamos la trascendencia que fechas tan especiales, como el Día de la Madre traen consigo.
Yo he tenido en mi vida la bendición de tener una madre maravillosa, mujer ejemplar de fe, luchadora invencible, que ha dedicado su vida a darnos amor y apoyarnos en buenas y malas. He tenido el cariño de una abuela de temple y carácter que marcó mi vida, y también tuve la dicha de tener a mi lado a una “nana” fuera de serie, ella era una de esas mujeres de las que uno aprende lo que significa amar sin esperar recibir nada a cambio.
Han sido mujeres maravillosas que han iluminado mis caminos recorridos. Ellas, al igual que todas las madres del mundo, tienen en el alma la fuerza de lo que significa ser mujer.
Las madres estamos hechas de una materia extraña, somos seres de hierro que sabemos soportar el dolor. Pero también somos templo del amor, la bondad y del perdón porque nuestro corazón es una de las maravillas más grandes creadas sobre la tierra.
En nosotras, mujeres madres, ha convergido la divinidad y la energía que emana de Dios porque hemos sido creadas para dar la fuerza de la vida a nuestros hijos, a quienes tenemos el compromiso de guiar por este mundo y enseñarles a superar los obstáculos. Al final de la vida, ellos serán el espejo de nosotras. El escritor y filósofo Kahalil Gibran decía “Enséñame el rostro de tu madre y te diré quién eres.”
William Ross Wallace acuñó una frase que para mí ha sido una de las más poderosas que se han escrito en cuanto a la influencia de la madre, y dice: La mano que mece la cuna es la mano que gobierna al mundo. Indiscutiblemente, a las mujeres nos ha sido entregado el poder para cambiar este mundo, para transformarlo.
No dejemos que el ruido comercial empañe el sentimiento y la reflexión que este día debe tener. Si tu madre aun vive, ámala y abrázala. Si ha partido, pon una flor en su tumba. Y si por alguna causa ha estado ausente de tu vida, acude a la más piadosa madre que nunca falla y está en los cielos, la Virgen María. Pero no dejes pasar este día sin demostrarle todo lo que la amas. Remontémonos a la verdadera celebración del Día de la Madre que inició en la Grecia antigua, en las festividades en honor a Rhea, la madre de Júpiter, Neptuno y Plutón, las diosa que dio la vida a las entidades más poderosas del mundo de la mitología griega y que gobernaron cielo y tierra.
En la publicación Tiempo Conjugado, aparece también un escrito que relata cómo honrar la maternidad, también fue característica de las culturas que poblaron Mesoamérica antes de la Conquista. Una de ellas, la azteca, rendía culto a la madre de su dios Huitzilopochtli, la diosa Coyolxauhqui o Maztli, que era representada por la luna.
La mitología cuenta que durante la creación del mundo fue muerta a manos de las estrellas, que celosas, le quitaron la vida para que no diera a luz a su hijo Huitzilopochtli, quien representaba al sol. Sin embargo, este superó los obstáculos y pudo nacer, venciendo a las tinieblas.
Los indígenas rendían especial tributo a esta diosa y dedicaron a ella hermosas esculturas en oro y plata, que no solo revelan profundo sentido artístico sino la importancia tan grande que ellos concedían a la maternidad. Los festejos a la maternidad entre los aztecas eran de carácter sacro.
Peregrinar desde distintos puntos del antiguo México para honrar a Tonatzin; era un acto de comunión cósmica y una ceremonia de reconocimiento a la propia madre.
En épocas más recientes, el origen del actual Día de la Madre se remonta al siglo XVII, en Inglaterra. En ese tiempo, debido a la pobreza, una forma de trabajar era emplearse en las grandes casas o palacios, donde también se daba techo y comida. Un domingo del año, denominado
“Domingo de la Madre”, a los siervos y empleados se les daba el día libre para que fueran a visitar a sus madres, y se les permitía hornear un pastel (conocido como “tarta de madres”) para llevarlo como regalo. Esta celebración se desarrollaba colectivamente en bosques y praderas, y simplemente era un tributo a la mujer más apreciada de la tierra.
Desde esta humilde columna, rindo un pequeño tributo a todas las madres del mundo. ¡Feliz día¡
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