Que miedo da caer en las garras de un organismo que no busca quién la debe sino quién se las paga.
Varios son los casos que conozco, en donde se ha involucrado a personas en juicios penales tan solo porque se han fabricado las evidencias, y se construyen escenarios falsos con objetivos que son tan solo para justificar que se hace un trabajo y con ello no evidenciar la ineficiencia. Eso se aplica en el caso Tejada, el caso de los Lima, el caso del ya muerto Obdulio Villanueva. Más recientemente ha vuelto a ocurrir en Quezaltenango un ejemplo más de esta injusticia.
Hoy quiero hacer comentarios del juicio en donde se está procesando a dos mujeres –madre e hija– por el tan solo hecho de ser amigas del padre José María Ruiz Fulán y que en el momento del crimen le acompañaban.
María del Carmen Barrera y su hija Carmen María, dos mujeres ejemplares de la sociedad guatemaltecas, sin tacha en toda su vida –y hay que decir que la de Carmen María está empezando–, queridas en todos los círculos donde se mueven. Son acusadas por el Ministerio Público con argumentos que rayan en lo estúpido.
Un Ministerio Público inepto, que solo busca quién se las paga, no quién las debe; un Ministerio Público ineficiente y en muchos de los casos culpable de la terrible inestabilidad que vive el país, pues con su incompetencia permanecen libres miles de miles de maleantes a quienes no logran incriminar.
Las dos damas a las que hago mención, caminaban la noche del crimen en compañía del controversial padre Chemita; habían estado en la Iglesia ayudando en los quehaceres propios de la época a tan connotado sacerdote. De pronto, en la oscuridad, aparece el delincuente asesino (que sigue suelto en las calles de la ciudad) y termina con la vida del clérigo. Solo hay que ponerse en los zapatos de ambas para poder sentir miedo, angustia y todo sentimiento posible en un momento así.
Pero eso no fue suficiente, en sus “sesudas investigaciones” el Ministerio Público determina que ellas son parte del complot. Son acosadas por meses por la Fiscalía y otros sectores interesados, presionadas a someterse a pruebas en las cuales no confiaban las acusadas y sus abogados, ya que tenían temor de que fueran alteradas.
Finalmente tales pruebas se hicieron y como resultado de las mismas se indica que lo que buscaban para incriminarlas no existía. Pero eso no bastó, se sigue acusándolas y hoy están ante un tribunal, como únicas sospechosas del vil asesinato.
Pude escuchar por la televisión las respuestas que esa madre acusada daba a las preguntas sobre los hechos de esa noche. Una mujer tranquila que da su versión y que sabe que no debe nada; pero teme, porque ha visto actuar a sus acusadores, quienes olvidando la ley que dice que en Guatemala todos son inocentes hasta probar lo contrario, ya las sentenciaron. Que Dios nos agarre confesados, porque caer en esas garras francamente da miedo.
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