Ante el vendaval que parece avecindarse de Secretarías y Ministerio, es importante insistir en nuestra incuestionable realidad. Guatemala sigue su ruta hacia la asfixia. Alarmantes datos con ausencias de procesos de formación humana, como políticas alimentarias y nutricionales, salud preventiva y curativa, y sistemas de enseñanza apropiados, único alivio que debemos perseguir.
Toca a Álvaro Colom, anfitrión de un gobierno improvisado con inexpertos o en alianza con expertos de conducta ilícita, antipático al poder económico, sensible a los medios de comunicación y decorado con metidas de pata por donde quiera, no le queda sino recibir una factura en papel pergamino. ¡Así no se puede! Con o sin proceso de democratización, de antes o después de 1986, todos se han sentado en el trono de la desgracia, pero el postre se lo está comiendo Colom.
La lectura del país con un escenario mundial como el actual y dos capítulos. El primer capítulo pone a la vista una historia de desnutrición, mortalidad infantil y analfabetismo. Segundo capítulo inmersos en terreno fértil para el crimen desorganizado, organizado y el narcotráfico ¿quién podrá defendernos? El chapulín neoliberal. Que nos dice: hay que dejar que las fuerzas del mercado fluctúen libremente, porque así el empresario dispone qué salario pagar y el obrero puede decidir qué producto comer; la mayoría solo come a medias tortilla y café.
Acomodo la parábola que dice así: transita un elegante señor en una suburban blindada último modelo y mira que en un sitio vacío hay dos personas comiendo grama. Entonces, le pide al piloto que pare y se acerca para preguntarles: “¿Qué sucede? ¿Por qué comen grama?” –“Es que no tenemos que comer”, responden. El señor les ofrece subir a su vehículo y darles de comer. Pero uno de los indigentes le dice: “Es que no solo somos los dos, también son mi esposa y tres niños, la esposa de mi amigo y sus cuatro hijos”. –“No importa, que vengan” dice el señor, “ya verán el alto de la grama de mi jardín”.
Interrogante del columnista: si con el neoliberalismo es suficiente, ¿para qué queremos el populismo que empobrece más? ¿Hace falta ser masoquista chapín? Exijamos “equidismo” para conseguir equidad.
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