El derrocamiento de los principales líderes de la gesta de 1944 sí fue perpetrado por mercenarios, a quienes no les pagaron con dinero sino con armas y recursos. Muchos como Leonel Sisniega Otero y Mario Sandoval Alarcón se sentían engañados con lo que llamaron comunismo. Se asustaron con el petate del muerto como sucedió a los patrocinadores de este derrocamiento (EE.UU.).
El término comunismo nació de las sociedades de comunidad primitiva donde se compartía todas las ganancias, y el ser humano por avaricia la fue convirtiendo en otros regímenes económicos. El decreto 900 tenía un sentido real y no de acaparar lo que no se podía producir; se creó el INTA que solo favorecía a los más avorazados por la tierra.
Sisniega, si niega esta verdad debe dialogar con la gente que con justa razón exige tierras cultivables y no sierras y barrancos. Vea los logros de las cooperativas agrarias, como la de Chimaltenago.
Hasta George W. Bush, felicitó a esta gente. Hay que reconocer nuestros errores y no vivir en el pasado para vanagloriarse.
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