Cómo generar una crítica a la historia que se escribe desde el pequeño círculo y que legitiman personas que cegadas por dogmas o intereses no están dispuestas a profundizar en lo que defienden y menos en conocer otros argumentos. En un país pobre y dependiente es difícil, pero si deseamos construir condiciones de relativa igualdad, el debate debe abrirse. Sin ser historiadora me he envuelto en sus metodologías y escuelas teóricas porque quiero entender la gran ofensiva del Estado, que golpeó con brutalidad departamentos y municipios que eran base del Comité de Unidad Campesina de 1980 a 1985.
De la reacción del Ejército se culpa a la estrategia del Ejército Guerrillero de los Pobres de no haber separado la lucha militar de la lucha política. Esa falta de planeación guerrilla tiene niveles de responsabilidad, pero aceptar esta tesis es justificar la carnicería humana, el genocidio y el holocausto que el Estado inició en contra de poblaciones indígenas rurales.
El Estado ha sido dirigido por una pequeña élite, cerrada, racista y clasista que tenía al Ejército a su servicio, pero a partir de 1954 este empezó a crear su propia élite y a competir con la élite tradicional. Para 1970 y 1980 el Ejército fortalecía su círculo de poder, cuidaba latifundios, atendía órdenes de agroexportadores, y en el contexto de la guerra fría Estados Unidos le dio licencia para “justificar y esconder los más horrendos crímenes, financiando con millones de dólares los regímenes militares década tras década, sin mostrar preocupación por la brutalidad que cometían las fuerzas armadas. La batalla para alcanzar una hegemonía ideológica global tuvo consecuencias más allá de lo local y afectó a los campesinos que vivían en regiones aisladas.” (Beatriz Manz 2004).
Racismo, anticomunismo y el miedo colonial que asume un levantamiento indígena masivo, pero manipulado por la guerrilla, crearon las condiciones para aniquilar a los “indios”. Para la élite y el Ejército, los “indios” como raza inferior no solo eran los responsables del atraso del país sino eran presas fáciles de ser manipulados por comunistas, ellos no podían atreverse a plantear la redefinición del Estado, eran los subversivos quienes los guiaban, por eso “la identificación de comunidades mayas con la insurgencia fue intencionalmente exagerada por el Estado” (CEH 1999). En resumen, se buscó destruir la vida indígena para que no renacieran las demandas campesinas.
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