El combustible y los alimentos están caros, pero no escasos. Sin embargo, otro forcejeo absurdo del Alcalde de Guatemala con los transportistas de bienes estuvo a punto de montar una crisis artificial de oferta en la capital y alrededores. Los productos –algunos perecederos– permanecieron en las carreteras durante tres días de paro del transporte la semana pasada, hasta que el Gobierno central decidió intervenir acudiendo a una medida de excepción.
Es tan sensible este tema que quienes realizan encuestas semanales pudieron medir la brusca caída de la popularidad del alcalde Arzú y una ligera recuperación del presidente Colom. Arzú puso en riesgo inminente la gobernabilidad de todo el país y su tozudez provocó pérdidas directas por Q 1,500 millones, según los gremios empresariales (Prensa Libre 09/05/08), aunque las compras de pánico del público y el acaparamiento empujaron aún más los precios, cargando a los consumidores otros costos que no se han contabilizado.
Este asunto hay que ponerlo en contexto para entender por qué se está jugando con fuego. Los altos precios de los alimentos han abierto escenarios políticamente riesgosos en varios países con equilibrios precarios de consumo, igual que el nuestro. En Haití los disturbios callejeros de quienes gritaban “tenemos hambre” obligaron a la renuncia del Primer Ministro. En Camerún 24 personas fueron asesinadas en medio de las protestas. En Filipinas el Gobierno decretó “cadena perpetua” contra los acaparadores de arroz. Y en Egipto el Presidente ordenó al Ejército ponerse a hornear pan a fin de abastecer el mercado.
Los precios de los granos básicos –maíz, arroz, trigo– han escalado este año a niveles sin precedentes. Solo en lo que va del año el maíz subió 20 por ciento, el arroz 140 por ciento y el trigo 40 por ciento. Es una emergencia real, que solo va a ser superada con el aumento de la producción de alimentos. Pero entretanto la transición será difícil y puede durar un buen tiempo, hasta que se alcance un nuevo equilibrio. La mayoría de gobiernos se ha lanzado a los paliativos. De 58 países cuyas reacciones son seguidas por el Banco Mundial, 48 impusieron controles de precios, subsidios al consumidor, restricciones a la exportación o abatieron aranceles. Pero nuestro brillante Alcalde parece seguir aquella máxima de los políticos antañones: si se puede hacer difícil, para qué hacerla fácil.
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