Ya aclimatado, espera en el campamento base la predicción de buen tiempo.
Enrique Naveda
Como si se tratara del desembarco de Normandía, lo describe su relacionista Rony Valdés: “Francisco está esperando el día D”. En realidad, lo que Arredondo espera tiene tintes distintos pero asimismo históricos: no tener que luchar, como la Armada Invencible, contra los elementos.
El deportista guatemalteco, que en su proceso de aclimatación a la montaña ha ascendido y desandado varias veces el camino que va del campamento base (5 mil 300 metro) al campamento tres (7 mil 300 metros), se encuentra en su carpa del primero a la espera de recibir una señal de los meteorólogos: que se espera buen clima para los próximos días, una ventana, que se prevé que van a cesar los vientos y que la cumbre se volverá accesible.
De ese aviso –y de sus propias fuerzas, habilidad y astucia- dependerá que Arredondo pueda alcanzar la cumbre en aproximadamente 6 días desde su salida y disfrutar –es un decir, a más de -20º y con una quinta parte del oxígeno- de alrededor de 20 minutos en la cima del mundo.
Llegará por primera vez al campamento cuatro (7 mil 900 metros) y esperará a encontrar el momento propicio para atravesar la llamada “zona de la muerte”. Será su única oportunidad, y si ahí arriba no se abre la ventana, todo habrá sido en balde, no tendrá opción de repetir, su cuerpo resentido, desgastado y renuente por el esfuerzo continuado pero sobre todo por los daños recibidos al alcanzar los 8 mil metros, tendrá que descender y resignarse a que, por lo menos por esta vez, habrá sido derrotado.
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