Dentro de mi colección de postales y tarjetas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX conservo los llamados recuerdos de bautizo, tarjetitas bellamente impresas, las cuales eran entregadas en Guatemala a los invitados del bautizo de un nuevo infante.
Dentro de mi colección de postales y tarjetas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX conservo los llamados recuerdos de bautizo, tarjetitas bellamente impresas, las cuales eran entregadas en Guatemala a los invitados del bautizo de un nuevo infante.
Estas bellas tarjetas tenían la forma de un librito o carné de baile, e iban adornadas con filigranas de flores y candorosas viñetas de recién nacidos. En su interior, y en hojita aparte, se imprimía el nombre de la criatura, el de sus padres y padrinos, además de las fechas del nacimiento y bautizo del nuevo bebé.
En estos “recuerdos de bautizo” se honraban a los padrinos, institución muy reconocida y de prestigio en aquellos días. El ser nombrado padrinos significaba, entonces, una gran deferencia y un gran voto de confianza para los elegidos, quienes generalmente asumían tal privilegio con gusto y con la responsabilidad del caso, ya que según la tradición, los padrinos eran los llamados a sustituir a los padres en caso que ellos faltaran. Al nuevo ahijado se le inculcaba desde la cuna el cariño, pero sobre todo, el respeto hacia sus padrinos, personas que se volvían importantísimas y de respaldo en la vida del nuevo cristiano.
Por lo general, estas tarjetas de bautizo llevaban pegadas cerca de la viñeta un pequeño cuartillo de plata, el cual simbolizaba la buena fortuna que trae todo recién nacido a la familia y por aquello que “cada niño trae su pan bajo el brazo”.
1 comentarios: