Hace una semana, asesinaron a Jorge Mérida Pérez, un corresponsal departamental. Mérida pertenecía a una clase de reporteros que padecen todas las carencias del periodismo y asumen todos los riesgos.
Mirja Valdés
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Doriam Morales
La casa donde vivía y asesinaron al corresponsal, Jorge Mérida Pérez. Y esa, la puerta que solía mantener abierta.
Qué sí y que no
En Coatepeque reportan los hechos nueve reporteros, tanto para medios locales como capitalinos. La mayoría se mueve en motocicletas para cubrir las noticias. Transmiten cuatro telenoticieros en el municipio a través de la señal de cable. Las noticias violentas son el pan de cada día de estos comunicadores, casi nada de temas investigativos.
Hay ciertas reglas no escritas al momento de reportear: no escribir del narcotráfico, a menos que sea algo demasiado obvio, como el asesinato de un líder o la incautación de cargamentos grandes. En cuanto a hechos relacionados con pandillas, transmiten toda vez el pandillero no los amenace.
Coatepeque
Justo en el momento en que se le pregunta a un reportero cómo es vivir en Coatepeque, suena su teléfono celular. La llamada era de su fuente dentro de la Policía Nacional Civil (PNC) que le informaba de un cadáver encontrado a orillas de la carretera. “Parece que era alguien que habían secuestrado”, dice. Según el Ministerio Público de Coatepeque, cada mes suceden entre 25 y 30.
El municipio pertenece a Quetzaltenango, el tercer departamento más violento del país, según cifras de la PNC. El primero y segundo lugar lo ocupan Guatemala y Escuintla. En 2007, el 4.39 por ciento de los asesinatos del país (1,261 homicidios) ocurrieron en Quetzaltenango. Los coatepecanos añoran el pueblo que tenían antes de 2003, año en que comenzaron a padecer de las pandillas. El municipio se encuentra a 221 kilómetros de la capital y a 33 de la frontera con México. Su posición convirtió a esa ciudad en paso de migrantes centroamericanos. Todo esto, sin contar una fuerte presencia del narcotráfico.
De Jorge Mérida Pérez se escribieron varios obituarios esta semana. Cada uno resaltaba sus cualidades de buen vecino, hombre sencillo y muy cabal. También repasaron sus 18 años de bombero municipal, 4 de voluntario activo en Cruz Roja y 3 como periodista.
El sábado 10 de mayo se convirtió en parte de las estadísticas de la violencia en el país, en una cifra, en una de las tantas historias que escribió para el matutino Prensa Libre, del que era corresponsal.
Desde la puerta de su casa, en Coatepeque, Quetzaltenango, le dispararon y le acertaron cuatro tiros mientras escribía en su computadora portátil. Cuatro balas perforaron su rostro.
Todos se preguntan por qué, pero no hay respuestas, y parece que no las habrá en bastante tiempo.
El martes, el Ministerio Público revisó la escena del crimen; los investigadores entrevistan a reporteros de la zona y a vecinos en busca de pistas. “…pero es complicado, porque la gente no colabora”, asegura Cristóbal Jerónimo Chales, el fiscal de la agencia 3 de Coatepeque. En ese municipio de 135 mil habitantes, nadie vio ni oyó nada; y si lo hizo, da igual, porque no hablan, se queja Chales.
La historia de Mérida es la repetición de lo sucedido en otros departamentos, donde otros reporteros también fueron asesinados. En septiembre de 2007, se trató de Max Bool, en Alta Verapaz, poco después de concluir su programa radial. En diciembre de ese año, en Santa Elena, Petén, fue Miguel Ángel Amaya, también presentador de un programa de radio donde denunciaban hechos ligados al narcotráfico. Solo Wílder Jordán, corresponsal de Nuestro Diario en Gualán, Zacapa, sobrevivió a uno de estos ataques en febrero de este año. Todos estos casos, incluido el de Mérida, los lleva la Fiscalía de Delitos contra Periodistas.
Los reporteros departamentales tienen todas las carencias y asumen todos los riesgos. Su trabajo es el mismo que el de los periodistas capitalinos, el de informar, aunque trabajan en condiciones menos ventajosas, y sobre todo, de menos tolerancia. A la vuelta de la esquina se encuentran con sus fuentes que les reclaman, y también al pandillero a quien filmaron o fotografiaron.
¿Quiénes son estos hombres y mujeres?, ¿en qué condiciones realizan su labor de informar? Contar quién fue en vida Jorge Mérida puede responder a esas preguntas.
El socorrista y algo más
Jorge Mérida tenía 40 años. Habría cumplido 41 el 1 de julio. Era viudo desde hacía 10 años.
Alquilaba un pequeño apartamento que daba a la calle donde vivía con Jorge Luis, Junior, como es conocido su único hijo de 13 años. Él fue el primero en llegar a donde cayó muerto. A Junior le tocará de alguna manera crecer en circunstancias semejantes a las de su padre, al cuidado de algún familiar, porque Jorge también quedó huérfano a temprana edad.
Sus carencias no le permitieron estudiar una carrera de nivel medio, por lo que decidió convertirse en socorrista. A los 18 años, ingresó al cuerpo de Bomberos Municipales de Coatepeque, donde se formó como Técnico en Urgencias Médicas(TUM), y poco después, como enfermero auxiliar.
“Atendió emergencias como las del huracán Mitch y de la tormenta Stan, e infinidad de accidentes de tránsito”, dice María del Rosario Castillo, secretaria de los bomberos.
Se retiró de la institución después de 18 años de servicio, en 2003, e ingresó a la Cruz Roja como voluntario. Era un socorrista y Junior le seguía los pasos. “El niño participa en el grupo de jóvenes dentro de la institución”, dice Alexander Martínez, un socorrista amigo y compañero de Mérida.
Las ventas era otro medio de ingresos para el socorrista. Vendía ropa interior para damas, anteojos, gorras y memorias USB. También se movía en el negocio de las comunicaciones en el sentido más amplio de la palabra: era corresponsal de prensa desde hacía tres años y vendía publicidad a través de mensajitos de texto por celular.
Sus ingresos como reportero dependían de la cantidad de notas y fotografías enviadas y publicadas.
Esa es la forma de pago para los corresponsales departamentales. Un reportero de ese municipio hace cuentas mentalmente: “En un mes malo significa que me paguen alrededor de Q2 mil, y en uno bueno hasta Q7 mil”. Los medios locales pagan Q20 por nota, lo que significa escribir más de 5 para ganar Q100 diarios, de lunes a domingo.
En los departamentos, el periodismo no es una profesión sino un oficio mal pagado. En ocasiones, el reportero del pueblo también toma fotos en bodas o 15 años, lo mismo que vende publicidad desde un altoparlante atado al capó de su automóvil, cuando tiene uno.
Pero la mejor manera para definir cómo se hace un periodista departamental la tiene Edwin Zárate, director del telenoticiero Noticias punto rojo, de Coatepeque. “Los reporteros aquí nos formamos en el camino”.
Quién y por qué mató a Jorge
En la cuadra de Mérida todos lo admiraban por la relación padre e hijo que mantenía con Junior.
Eran dos amigos, dicen. Junior es un adolescente de 13 años. Dicen que es delgado, alto y con el flequillo tan tieso como la gel lo permita. No quiere que lo vean, la entrevista se dio por teléfono.
Aparenta más edad de la que tiene, por su manera de hablar. “Mi papá trabajaba en su computadora adelantando material y yo estaba en el cuarto viendo televisión. Eran casi las cuatro cuando de repente escuché los disparos. Me quedé quieto… al ratito reaccioné, salí. Lo encontré tirado”, relata sin ninguna emoción lo que ha contado muchas veces en menos de una semana.
La costumbre en lugares cálidos es mantener las puertas y ventanas de par en par, si acaso una baranda para salvar la distancia de la vía pública. La puerta de Mérida no tenía una, así que la mantenía siempre abierta. El asesino pudo entrar a la casa, aunque cuando Junior salió no vio a nadie, solo a su padre sobre un charco de sangre.
Chales, el fiscal del MP, no entra en detalle de las tres hipótesis que asegura tienen los investigadores acerca del asesinato. Sin embargo, algunos pobladores le escucharon decir que pudo ser un crimen pasional. “¡Es ridículo! –dice un reportero– Se basa en que encontró ropa interior de mujer en la casa, las prendas que Jorge vendía”.
Los pobladores creen que asesinaron a Mérida por su labor periodística, pues fue amenazado de muerte. “No, mi papá nunca me habló de que estuviera amenazado”, asegura el muchacho. Aunque algunos reporteros afirman lo contrario. “Jorge me contó que, días atrás, alguien le advirtió que bajara el tono de sus notas, porque le habían preguntado cuánto por matarlo”. La misma versión ofrecen algunos de sus compañeros de la Cruz Roja.
La cobertura periodística de Mérida se basaba en nota roja. Aunque le gustaba realizar temas investigativos de la comuna coatepecana, que no siempre le publicaban. La última nota de Mérida se publicó el día de su asesinato (10 de mayo). Advertía de un exceso de viáticos para el Alcalde, autorizado por el Concejo Municipal. “Así es, voy a viajar a España de acuerdo con una invitación que me hicieron de “Expomuni”, donde haré contactos para proyectos”, refiere Edwin Vega, el alcalde. Habla de ese y otros viajes que realizará a Miami, Estados Unidos y Alemania, costeados con fondos de la comuna y de su bolsa, dice. “Soy empresario de bienes raíces y puedo pagarlo”, deja ver al enumerar los proyectos habitacionales que construye en los alrededores.
“Yo no sé por qué me relacionan con su muerte si durante la campaña Jorge me ayudó, y yo le pagué”, pero luego corrigió lo dicho cuando elPeriódico lo cuestionó: “¿Usted admite haberle pagado a un periodista?” “No, yo lo contraté para que pasara publicidad por mensajes de texto a los celulares de los vecinos”.
Hay otro hecho que puede estar relacionado con el asesinato de Mérida, el asalto a Junior hace algunos meses. Lo que cuentan es que Mérida tenía el número de placa del vehículo –un vehículo robado en Catarina, San Marcos– en el que se movían los asaltantes, y lo denunció a la Policía.
“Hace como dos semanas mataron a uno de ellos. El hermano juró que se vengaría de quien tuviera que ver con su muerte”.
Todo queda en preguntas que el MP deberá responder a través de su investigación. Mientras, Junior crecerá sin su padre. Los reporteros harán su labor con más cautela. Y los pobladores, con la sensación de que Coatepeque está lejos de volver a ser el pueblo tranquilo que fue.
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1 comentarios:
Teofilo Barrientos: (2008-05-18 08:59:23 horas)
Edwin Vega, es cierto habia un relacion comercial como todos los medios en Coatepque, previo a las votaciones en una pagina aparecian las campanas masivas de proselitismo, hacia el hoy alcalde Vega. Muy dficil involucrar a este por un crimen que con dos dedos de frente no lo hubiese hecho a men de rivales politicos que quieran perjudicarlo.Vega tiene capacidad para sustentar sus gastos,malos manejos(?). Una forma de operar de los perjudicados es que la mayoria de delicuentes escuchan las noticias o estan atentos y saben de numeros telefonicos .Primero amenazan hasta 3 veces luego ejecutan sus acciones.Desde atropellos a palizas es lo comun de estos reporteros o comunicadores.Nadie se salva de un "saludito". Lo mas ridiculo es la nota del MP donde dan evidencias falsas que una de las hipotesis es de "faldas",Jorge se cuidaba muy bien de eso.El respeto a su hijo era tan intenso que jamas le indico de amenazas, menos algo que peturbara la formacion de Jr. Quedo algo pendiente fue la investigacion de hechos que relacionana a los mareros .Los mas controversiales son los CANDUCHOS, las otras ya conocidas, pero estos marcan territorios, bien definidos en el barrio CANDELARIA, un barrio violento que hasta la topografia del terreno lo hace inacesible en momentos cruciales de un hecho. Que dice la Policia a todo esto..? Hace poco tiempo llego a este cuerpo policial una mujer a asumir el cargo.Ignoro si aun lo es,pero esto indica que las autoridades ven con pasividad el aumento constante de la violencia en este pueblo. La violencia se globalizo desde el '95.Todos los dias un muerto y el resto de menor cuantia, pero a partir del 2000, empresarios de medios se interesaron por las noticias; vieron el mercado floreciente, pero el riesgo de estos COMUNICADORES a un pago irrisible. No tienen un medio que los agrupe ni que los proteja. Conoci a Jorge desde el 97, llegaba a una radio en su moto, a dar las "notas calientes", era su fuerte. Hace como 2 anos a parte de periodismo hacia lo relacionado con EVENTOS , cumpleanos,quince anos, bodas, eventos especiales, con fotografias y videos.Era su medio de vida Investigar su muerte es acompanerle al buen amigo Jorge merida
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