Una popular telenovela infantil que fomenta la rivalidad entre las niñas bonitas y feas, las populares y marginadas, despierta el debate sobre si los padres deberían apagar el televisor, considerar inofensivo el programa o sentarse a verlo junto a sus hijas.
Por: Paola Hurtado
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La niña llevó a la casa una anotación en la libreta donde se leía: “le dio un puñetazo en la cara a una compañera de clase”. A Mildred le sorprendió el aviso de la maestra. Había notado a su hija un poco irritada en los últimos días, pero sabía que no tenía por costumbre pegarle a otros niños. “Ese grupito está en mi contra, mama”, le explicó la pequeña de ocho años. Mildred no le entendía. “Hija, no te metás en problemas. No quiero saber que insultaste o lastimaste a alguien”, le pidió, pero la niña le replicaba: “¡Ellas me dicen tonta, fea, ridícula! ¡y tu no dejás que me defienda!”. Fue la hija mayor de Mildred quien descifró el problema. Un día encontró a su hermana en el campo de fútbol discutiendo con otras niñas que se llamaban así mismas “las divinas” y que le gritaban “fea, fea”, en una escena muy parecida al de Patito Feo, la popular telenovela argentina que transmite la televisión por cable. Mildred buscó “Patito Feo” en Internet. Los pegajosos bailes y canciones del programa que se desplegaron la dejaron desconcertada. “Nadie pasa de esta esquina, aquí mandan las divinas”, rezaba uno de los éxitos musicales. “Las divinas, las divinas, brillan, brillan como stars. Fuera feas, fuera feas, para ustedes no hay lugar”. Era obvio que su hija no se sentía integrante del primer grupo. Justo en esos días, a mediados de abril pasado, se libraba en la telenovela una intrincada competencia entre las bonitas y modernas (“las divinas”), contra las feas y rechazadas (“las populares”, un eufemismo para feas). El Patito Feo era un recurrente tema de conversación en las reuniones sociales y escolares. Había madres molestas porque sus hijas eran menospreciadas; otras contaban que las suyas se habían tornado incontrolables. La decisión que tomó Mildred junto a otras mujeres fue que en sus casas no se vería más el problemático programa. Un pato conflictivo Patito Feo debutó en Argentina a principios de 2007. Es la historia de una niña sencilla y noble, poco agraciada (o así la hacen ver las trenzas, los anteojos gruesos y la ortodoncia) e hija de una madre soltera de clase media. Ambas viven en la provincia argentina, pero deben mudarse a Buenos Aires donde Patito conoce la crueldad y la superficialidad. La antagonista es la malvada y popular Antonella, una preadolescente linda y a la moda, de cabellos ondulados y pestañas volteadas, que le hace la vida imposible a la provinciana. Un concurso en el colegio de las niñas origina dos bandas musicales: “las divinas”, lideradas por Antonella, y “las populares”, comandadas por Patito, quien sueña con ser cantante, conocer a su padre y ser correspondida por Matías, el guapito novio de Antonella. El programa causó furor entre las niñas argentinas que memorizaron de inmediato los bailes y compraron en bandada los discos (el primero vendió más de 200 mil copias en ese país). Meses después se sumaron los canales nacionales de Colombia, Costa Rica, Venezuela, México, Panamá, Ecuador, Uruguay y Perú. Y desde julio de 2007, se difunde en toda Latinoamérica a través del Disney Channel. En Guatemala se transmite de lunes a jueves, de 7:30 a 8:30 de la noche. Aunque el personaje principal de la novela es Patito, el que ha fascinado a las niñas y púberes es el de Antonella. La mayoría quiere imitar sus poses, gestos y canciones, mientras le rehúyen a la etiqueta del pato feo. Karla Revolorio notó la influencia de la telenovela hace poco más de un mes, cuando algunas de sus alumnas de primero primaria, en un colegio de la zona 2, empezaron a proclamarse Antonella o divinas, y a la hora del recreo se pintaban las uñas con brillo y hacían de menos a las que no consideraban lindas o mostraban alguna desventaja física. Se trataba de un grupo de cuatro “divinas” que generaron división y peleas en el aula. Al igual que en la novela les prohibían a sus seguidoras juntarse con las rechazadas. La maestra tomó medidas hace dos semanas: cambió a las niñas de lugar para que se relacionaran con toda la clase, pero no pudo evitar que dos pequeñas quedaran marginadas. Una es tímida y callada, la otra es reservada y usa lentes. “He escuchado a niñas pedir que ya no les digan su nombre, sino que las llamen “Antonella”, cuenta María Virginia Díaz, una psicóloga escolar que tuvo que buscar información de la telenovela y sintonizar varios capítulos para comprender la división en las aulas estudiantiles. Algunas niñas de primaria piden uno de los discos de la telenovela como premio por sus buenas calificaciones. Los discos de Patito se venden en El Duende desde diciembre del año pasado. “Las ventas fueron una locura y todavía están en nuestro Top 10, junto con Luis Miguel”, cuenta Juan Mario Cermeño, encargado del área de discos de la tienda. Las niñas de preprimaria, en cambio, son más proclives a formar bandos, inspiradas por el programa. Se observan bonitas contra feas, niñas con mucho dinero contra las que tienen menos. O niñas que participan en determinadas actividades como clases de jazz o membresía en un gimnasio exclusivo, que critican a las que no pueden permitírselo, cuenta Evelyn de Natareno, orientadora escolar. En diversas entrevistas a medios sudamericanos, los creadores de Patito Feo han explicado que la finalidad de la serie es mostrar que la belleza “se lleva en el corazón” y no solo es física. Laura Esquivel, la actriz que interpreta a Patito, también insta a los niños a que no discriminen. Sin embargo, el diminuto y vulnerable público de la telenovela se identificó con los personajes negativos y no con la niñas buenas, lo cual era de esperarse, apunta Díaz. Las niñas interpretan que la belleza física está ligada a la popularidad y aceptación y que ser buena y poco atractiva acarrea humillaciones y burlas. Antonella, como toda mala de telenovela, se reinvindica, pide perdón y adopta características de Patito, quien se queda con Matías. Pero para muchos padres es demasiado tarde. “Durante todos los meses de la novela los niños adoptaron modelos equivocados”, opina Paola Arreola, maestra y madre de una niña que cursa preparatoria. En su casa no se mira Patito Feo porque le preocupa que, a los seis años, su hija imite modelos negativos y no pueda discernir lo bueno de lo malo. El público de Patito Feo se ubica entre 5 y 10 años, calcula Díaz, y es principalmente femenino. A pesar que los personajes son adolescentes, la serie no logró captar a este grupo sino a las niñas más pequeñas. En algunos colegios, el fenómeno del pato no fue visible. Ramiro Barrientos, director de primaria del instituto Austriaco, cuenta que en un concurso de talentos musicales varios grupos escogieron los temas de la novela para imitarlos, pero, hasta donde le han informado los maestros, no hubo ningún problema de divisionismo ni rivalidades en las clases inspirados en los personajes del programa. Y si los hubo, ya fueron controlados, dice. El peligro del bullying La discriminación y el acoso escolar (también llamado ‘bullying’) no son nada nuevo en las aulas. Existen en todos los estratos sociales y a todo nivel: pequeños grupos rechazan a niños con menos destrezas y los aíslan. La diferencia ahora, con el auge de Patito Feo, es que las conductas se evidencian en la televisión, las notan los papás y los niños las manifiestan con más libertad porque las interpretan como “permitidas”, explica Cintia Brenes, psicóloga y orientadora escolar. Los grupos de rivales que se forman en el aula no son nutridos, tanto del lado de las divinas como de las marginadas. El grueso del salón lo conforman los observadores, que no se deciden por un grupo o el otro, o prefieren guardar distancia. Los niños se enganchan con uno u otro personaje según su personalidad y sus necesidades, acota Brenes. Una niña aislada se identificará con Patito, porque le refuerza su patrón, al igual que las niñas que se sienten o ansían ser populares y a la moda, se verán reflejadas en Antonella. El conflicto es que sí hay un problema con esta identificación negativa, y lo aconsejable es que los padres y maestros intervengan, dice. Una conducta que se permite y repite es asumida como normal y puede volverse parte de la personalidad, sobre todo en niñas tan pequeñas, cuya autoestima se está formando. “De tanto decirle fea o tonta a una niña se lo cree y puede ser una etiqueta que lleve por el resto de su vida”, explica María Virginia Díaz. La solución, sin embargo, no es prohibir, opina Evelyn de Natareno. Los padres pueden aprovechar un programa con modelos negativos para verlo junto a sus hijos y observar cómo lo interpretan, escuchar sus argumentos y ayudarlos a entender las características de los personajes. “Si se lo prohibimos solo fomentaremos su curiosidad y lo verán a escondidas”, opina la orientadora. “Como autoridades escolares tampoco podemos prohibirle a los padres o niños que vean un programa en casa. Es decisión de las familias. Lo que no podemos avalar es que por un programa de televisión los niños se comporten de una manera que afecte o dañe a otro niño en el colegio”, indica Ramiro Barrientos, director de primaria del Instituto Austriaco. En la casa, sugiere Brenes, la tarea de los papás es sentarse a ver la televisión con sus hijos e intervenir con preguntas como ¿te gustaría que te hicieran eso? ¿cómo crees que se siente esa niña cuando la tratan así? ¿lo harías?. Y en el salón de clase, promover debates entre los niños con preguntas similares. Vera de Mazariegos cuenta que son contadas las veces que le permite a Ximena, su hija de nueve años, ver el Patito Feo, a pesar de que la pequeña la trata de persuadir con el argumento de que “todas las niñas la ven”. “No me gusta cómo se tratan los personajes. Se gritan “te odio, ya no te quiero, vete, estúpida” y ese no es el lenguaje que usamos en casa”, explica Vera. Sin embargo, aprovecha la telenovela para hablar con su hija sobre las diferentes concepciones de la belleza. En Guatemala aún no se han transmitido los 172 episodios de la primera temporada de Patito Feo. De hecho, en los colegios las maestras notan que las “aguas están calmadas” desde que las divinas y las populares empezaron a aliarse y hacerse amigas y se detuvieron las riñas. Pero en la televisión argentina ya comenzó la segunda temporada en la cual Antonella alcanza la fama como cantante y su éxito “Diosa única, bonita, yo soy así y los chicos más hermosos se mueren por mí” vuelve a estar en boca y pasos de las niñas. Las canciones que canta Patito siguen siendo infantiles y enaltecen la amistad, los sueños, el amor y la felicidad. Sin embargo, no son tan contagiosas ni alcanzan tanta fama como las de Antonella, que en la segunda temporada finge ser su amiga y trata de quitarle a Matías. |
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