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Tengo por los diccionarios la devoción del místico y la fruición del sibarita. Recurro con frecuencia al de la Real y al de la Moliner, al ideológico y al de ideas afines, al ortográfico y al de dudas, al de conjugaciones y al de símbolos. También al American Heritage y al LeRobert, pues a veces es por pasaje de una palabra extranjera que discurrimos hacia parajes desconocidos en el propio idioma. Me gustaban de colegiala, por ordenados y confiables. Bastaba recorrer con el dedo la sucesión alfabética de palabras para entretener la idea de que el mundo no era tan caótico como podía parecérmelo de niña. Si alguien se había tomado la molestia laboriosa de recopilar y organizar así las palabras acotando su significado preciso era que la humanidad no andaba tan extraviada. Por muchos años, el Diccionario Larousse fue un artículo de fe. Y como es destino de todos tales objetos, acabé por encontrarle a la postre usos menos sacros. Gracias al amansaburros (así le llamaba mi abuelo) aprendí que un hombre ilustrado no tenía que ser un tipo raro con dibujos garabateados en la piel, idea que me tuvo apabullada un par de horas. Que puta no era sinónimo de catástrofe, además. Cosas que los adultos se hubieran tomado a broma o a pecho en demasía. Nada incomoda más a una niña que la risa indulgente o un reproche a la curiosidad. Para esas disquisiciones constantes estaba el diccionario, servicial y discreto. Con las respuestas y sin la lata. Las palabras se sirven de otras para afincarse y definir los límites de su significado. Una refiere a otra y esta a otras y así se va multiplicando exponencialmente el vocabulario y, con él, la capacidad para ver y percibir detalles y sutilezas que se pierden ante otros léxicos menos ricos. Y aquí el diccionario de Corripio me corrige –no, no ricos, sino afortunados. Uno se llena la cabeza de palabras y la realidad se afina, se expande, se realiza. Hoy diría que es mi lazarillo, el que olfatea y guía mis tanteos en la escritura. Si el lenguaje es siempre una aproximación, el diccionario es el mapa imprescindible. |
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