Es impactante el daño que las bocinas de buses y automóviles causan a la población. La enfermedad y el sufrimiento causado incluye todo tipo de calamidades hasta la locura, sin que las autoridades multen a los conductores arrogantes, irresponsables e impíos que atormentan a millones de personas. El Gobierno y la Municipalidad deben contemplar esta medida, si no quieren que el pueblo pierda la calma accionando contra la violencia y abusos recibidos en defensa propia.
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