Los conflictos entre la administración pasada y el sindicato de maestros, la firma reciente del pacto colectivo, los cambios mal encaminados en las escuelas normales y la urgente necesidad de promover efectivamente una reforma educativa, constituyen razones suficientes para discutir seriamente el futuro de las políticas docentes del país. Por la relevancia que el ejercicio del magisterio tiene para la formación de los nuevos ciudadanos, el debate debe ser abordado de manera pública e integral. En este sentido, por lo menos se debe discutir cuatro aspectos fundamentales.
Primero, conviene discutir acerca de la función de los docentes ante los requerimientos individuales y sociales en el presente y el futuro. El nuevo pacto de los educadores con la comunidad pasa por la clarificación sobre los compromisos del magisterio hacia las comunidades y viceversa. ¿Qué esperamos de los docentes de cara a la reconstrucción del país? ¿Qué esperan ellos de la sociedad? Segundo, qué competencias y prácticas educativas son las más relevantes y pertinentes para que el magisterio apoye el tipo de aprendizajes que demandan las nuevas generaciones. ¿Cómo se educará a los nuevos docentes en Guatemala? Tercero, los educadores en servicio necesitan recrearse en el conjunto de procesos de producción del conocimiento y metodologías para estar a tono con las reformas. ¿Cómo profesionalizar y actualizar a los maestros en servicio para impulsar innovaciones constantes en los aprendizajes en cada una de las personas que forman? Cuarto, hay que debatir realista pero visionariamente sobre las políticas salariales, reconocimientos, contratación y nueva normatividad docente. ¿Cómo vamos a remunerar a quienes forman a los nuevos ciudadanos, sean estos trabajadores, artistas, deportistas, profesionales, empresarios, políticos o funcionarios públicos?
Nuestra historia de la educación muestra que sólo en los regímenes dictatoriales o administraciones ministeriales autoritarias, el magisterio ha sido disminuido en sus demandas y desarrollo. Con ello, las aspiraciones de la sociedad en su conjunto se han visto igualmente mermadas. El reto y nuestra oportunidad consisten en revertir más de ochenta años bajo las mismas políticas docentes que se inspiran en el siglo XIX.
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