La sociedad guatemalteca se ha conmocionado nuevamente esta semana, ante el condenable asesinato del secuestrado Francisco Gressi Weastler, estudiante de medicina veterinaria, quien fue muerto de un balazo en la cabeza, cuando sus plagiarios se enfrentaron con agentes del Comando Antisecuestros de la Policía Nacional Civil, en la calzada Roosevelt y 31 avenida, zona 11.
¿Qué razón hay para que un joven y prometedor compatriota, dedicado a su formación académica de médico, fuera cazado como un conejo, en una concurrida calle de esta capital, que cada día se vuelve más peligrosa? Con este repudiable hecho, otra familia guatemalteca ha sido golpeada insensatamente dentro de esta cadena de violencia que sufre el país, la cual no parece tener fin.
Pues las fuerzas de seguridad del país no han logrado detener la creciente escalada delictiva, a pesar de las promesas de campaña y los anuncios de “nuevos operativos de impacto” de la actual gestión gubernamental, en la que han tomado parte helicópteros y tanquetas, como ocurrió en el barrio El Gallito, donde fueron capturadas 19 personas, de las cuales 18 fueron puestas en libertad por los tribunales de justicia al día siguiente, por falta de pruebas en su contra.
El pueblo guatemalteco está hastiado de convivir diariamente con la violencia, al extremo que el experto de las Naciones Unidas, Philip Alston, informara, meses atrás, al mundo que “Guatemala es el país ideal para cometer un crimen, porque no se castiga a nadie”.
A pesar que la función fundamental del poder estatal es la protección de la persona y de la familia, como lo ordenan sin ninguna excusa nuestras leyes fundamentales, en Guatemala ni hay seguridad pública para la población, ni hay castigo para el delincuente. Asesinatos, homicidios, secuestros, asaltos y linchamientos se han convertido lamentablemente en hechos de todos los días en nuestro país, deteriorando tristemente la calidad de vida de los pobladores.
El Gobierno debe dar prioridad a su obligación constitucional de combatir la violencia delincuencial, sin tregua y con efectividad, a efecto de devolver a los guatemaltecos la seguridad perdida. El crimen está hundiendo al país en el caos.
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