No se trata de sumarme al circo montado en el Congreso buscando enjuiciar políticamente al ministro Robles. Expresa la nota una clara preocupación por los hombres y mujeres del campo, y por los que nos alimentamos con los productos que emanan de su trabajo. Por estos días se comentan multiplicidad de rumores sobre la enigmática política agropecuaria de ese despacho, y particularmente sobre las formas de aplicación de los programas que de ella deriven, especialmente los relativos a fertilizantes y arrendamiento de tierras que provienen de gobiernos anteriores y que se han convertido ya en una “tradición”. Circulan rumores extendidos en los cuales los campesinos se cuestionan: si los beneficiarios van a ser las organizaciones campesinas que fueron base en la campaña electoral. Si se favorecerá –como en otras ocasiones– a potentados que inscribieron a sus trabajadores como beneficiarios de fertilizante, que luego fue a dar a los grandes fondos. Si la tierra a arrendar es la de estos mismos predios, con el consecuente y anómalo enriquecimiento del hacendado, sin ningún beneficio para el campesino que sigue siendo un asalariado de media paga.
Sugerimos que para minimizar el riesgo de desvío o mal uso de los programas, sean los mismos campesinos quienes elijan a sus intermediarios, a través de los consejos comunitarios de desarrollo, cooperativas agrícolas y organizaciones campesinas, pudiendo ser estos mismos estamentos organizados, los que operen como intermediarios entre Ministerio y población. Sin embargo, Ministro, lo que es verdaderamente urgente es que el Ministerio de Agricultura, desestimule el uso de fertilizantes químicos y dado que no se puede cortar de “golpe”, su uso desarrolle un proceso de agricultura limpia que paulatinamente abandone el uso de productos químicos. Es decir, producir alimentos sanos, libres de contaminantes, utilizando semillas mejoradas y no transgénicas. Debemos de incorporar de nuevo una práctica agrícola basada en procesos orgánicos. Esta es la única medida que nos hará realmente competitivos y con una población nutricionalmente sana. Este sí es un compromiso con la historia, para un gobierno social demócrata reiterar programas dañinos al ecosistema, clientelares y cuyo fin último es el beneficio de las empresas productoras de agro químicos y terratenientes improductivos es condenar al país a la pobreza y a la pauperización de nuestros suelos. Ministro, una prioridad de su gestión es formular con organizaciones campesinas la política agropecuaria nacional Ya nos agarró el dedo la puerta.
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