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Guatemala, domingo 25 de mayo de 2008

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Opinión:

El fracaso de las metas inflacionarias

Nueva York. Los banqueros centrales del mundo son un club bastante estrecho que tiende a seguir modas y novedades.

Joseph Stiglitz

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
A principios de los años ochenta cayeron rendidos ante el hechizo del monetarismo, una teoría económica simplista promovida por Milton Friedman. Después de que el monetarismo quedara desacreditado –con gran coste para los países que sucumbieron a él– comenzó la búsqueda de un nuevo mantra.

La respuesta llegó en la forma de la “fijación de metas inflacionarias”, que dice que siempre que el aumento de los precios supere un nivel que se ha puesto como objetivo, es necesario elevar los tipos de interés. Esta receta poco sofisticada se basa en pocas evidencias empíricas o teorías económicas; no hay razón para esperar que, independientemente de la causa de la inflación, la mejor respuesta sea aumentar los tipos de interés. Uno esperaría que la mayoría de los países tuviera el sentido común de no implementar metas inflacionarias; vayan mis condolencias a los desafortunados ciudadanos de los que lo han hecho. (Entre la lista de las naciones que han adoptado oficialmente una u otra forma de fijación de metas inflacionarias se encuentran Israel, la República Checa, Polonia, Brasil, Chile, Colombia, Sudáfrica, Tailandia, Corea, México, Hungría, Perú, Filipinas, Eslovaquia, Indonesia, Rumania, Nueva Zelanda, Canadá, el Reino Unido, Suecia, Islandia y Noruega).

Hoy la fijación de metas inflacionarias se está poniendo a prueba, y es casi seguro que fracasará. En la actualidad los países en desarrollo enfrentan índices más altos de inflación, no debido a un mal manejo de la macroeconomía, sino porque los precios del petróleo y los alimentos se están yendo a las nubes, y estos productos representan una parte mucho mayor del presupuesto de los hogares que en los países ricos. Por ejemplo, en China la inflación está llegando al 8 por ciento o más. En Vietnam es incluso mayor y se espera que alcance el 18.2 por ciento este año, y en India es del 5.8 por ciento. Por el contrario, la inflación en Estados Unidos es del 3 por ciento. ¿Significa esto que estos países en desarrollo deberían elevar sus tipos de interés mucho más que EE.UU.?

En su mayor parte, la inflación en estos países es importada. Elevar los tipos de interés no tendrá mucho efecto en el precio internacional de los cereales o el combustible. De hecho, dado el tamaño de la economía estadounidense, una desaceleración allí podría tener un efecto mucho mayor en los precios globales que una en cualquier país en desarrollo, lo que sugiere que, desde una perspectiva global, deberían elevarse los tipos de interés de Estados Unidos, no de los países en desarrollo.

En tanto los países en desarrollo sigan integrados a la economía global –y no tomen medidas para restringir el impacto de los precios internacionales en los precios internos– los precios internos del arroz y otros cereales se elevarán notablemente cuando así lo hagan los precios internacionales. Para muchos países en desarrollo, los altos precios del petróleo y los alimentos representan una triple amenaza: no solo los países importadores tienen que pagar más por los cereales, sino que tienen que pagar más por llevarlos a sus países y todavía más para hacerlos llegar a los consumidores que vivan a grandes distancias de los puertos.

Elevar los tipos de interés puede reducir la demanda agregada, lo que puede aminorar el ritmo de la economía y amortiguar el aumento de los precios de ciertos bienes y servicios, especialmente bienes y servicios no transables. Sin embargo, a menos que se lleve a un nivel intolerable, estas medidas por sí solas no pueden reducir la inflación a los niveles que hayan sido puestos como objetivo. Por ejemplo, incluso si los precios mundiales de la energía y los alimentos aumentaran a un ritmo más moderado que el actual –por ejemplo, 20 por ciento al año– y se reflejan en los precios internos haciendo que la inflación general fuera de, digamos, un 3 por ciento, sería necesario que en otras áreas los precios bajaran notablemente. Casi con seguridad eso implicaría una marcada desaceleración económica y un alto desempleo. La cura sería peor que la enfermedad.

Entonces, ¿qué habría que hacer? En primer lugar, no se debería culpar a los políticos o a los banqueros centrales por la inflación importada, del mismo modo como no deberíamos aplaudirlos por la baja inflación cuando el ambiente mundial es benigno. Hoy se reconoce que el ex Presidente de la Reserva Federal de EE.UU., Alan Greenspan, merece mucha de la responsabilidad por el embrollo actual de la economía estadounidense. También a veces se le da crédito por la baja inflación de EE.UU. durante su gestión, pero la verdad es que Estados Unidos de los años de Greenspan se beneficiaron de un período de baja de los precios de los productos básicos y de la deflación en China, factores ambos que ayudaron a mantener a raya los precios de los bienes manufacturados.

En segundo lugar, debemos reconocer que los altos precios pueden causar un enorme estrés, especialmente para las personas de menores ingresos. Los disturbios y protestas en algunos países en desarrollo son apenas la peor manifestación de esto.

Los partidarios de la liberalización del comercio pregonaron sus ventajas, pero nunca fueron completamente honestos acerca de sus riesgos, contra los que los mercados usualmente no protegen de manera adecuada. Hace más de un cuarto de siglo hice notar que, bajo circunstancias plausibles, la liberalización comercial podría empeorar la situación de todos. No estoy argumentando a favor del proteccionismo, sino dando una nota de advertencia de que debemos estar conscientes de los riesgos de su lado menos reluciente y estar preparados para enfrentarlos.

Cuando se trata de la agricultura, los países desarrollados, como Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea, blindan tanto a los consumidores como a los agricultores frente a estos riesgos.

Sin embargo, la mayor parte de los países en desarrollo carecen de las estructuras institucionales o los recursos para tomar medidas similares. Varios están imponiendo medidas de emergencia, como prohibiciones o impuestos a las exportaciones, que ayudan a sus propios ciudadanos, pero a expensas de los de otros países.

Si hemos de evitar una reacción aún más violenta contra la globalización, Occidente debe responder de manera sólida y veloz. Es necesario anular los subsidios a los biocombustibles, que han estimulado el cambio de uso de las tierras desde la producción de alimentos a la de energía. Además, algunos de los miles de millones que se destinan a ayudar a los agricultores occidentales deben destinarse ahora a ayudar a que los países en desarrollo más pobres satisfagan sus necesidades básicas de alimentos y energía.

Lo que es más importante, tanto los países desarrollados como en desarrollo deben abandonar la fijación de metas inflacionarias. La lucha por enfrentar el aumento de los precios de los alimentos y la energía ya es lo suficientemente difícil. La economía debilitada y el mayor desempleo que generan las metas inflacionarias no tendrán mucho efecto sobre la inflación; solo harán más difícil la tarea de sobrevivir en esas condiciones.

©Joseph E. Stiglitz, profesor de economía en la Universidad de Columbia, recibió el Premio Nobel de Economía en 2001. Su libro más reciente, escrito en colaboración con Linda Bilmes, es “The Three Trillion Dollar War: The True Costs of the Iraq Conflict”.
©Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.
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5 comentarios:

  1. JOSUE AUGUSTO PEREZ FIGUROA: (2008-05-25 19:42:04 horas)
    El libre mercado, que no es tan libre como pregonan muchos, tiene los efectos similares a los fenomenos naturales tales, como las lluvias, los huracanes, los terremotos: son impredecibles, hacen mucho dano y no hay quien escape de sus efectos. Los mas beneficiados son las transnacionales y los mas perjudicados son los que no tienen desarrollado el CEREBRO que es donde verdaderamente esta el dasarrollo de los pueblos. Que pobre puede defenderse de los embates de la oferta o de la demanda? Saludos NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCION
  2. Carlos González: (2008-05-25 15:32:01 horas)
    El profesor Stiglitz, un Premio Nobel de la Economia y catedrático de la Universidad de Columbia New York, ha de saber sumar porque hay dos clases de economistas: Los que saben sumar y los que no saben
  3. Carlos González: (2008-05-25 15:27:45 horas)
    La realidad es que sólo hay cuatro economías en el mundo: Los países desarrollados, los jodidos, Argentina que nadie halla por qué está jodida y Japón que nadie sabe por qué está desarrollado. Lo demás es literatura.
  4. sergio licardie V.: (2008-05-25 11:27:44 horas)

    VIENE LA PESTE, VIENE LA PESTE. Cuando esto ha sucedido los países han buscado aislarse y protegerse internamente. Fortalecer su salud para poder resistir los embates de la enfermedad. VIENE EL HAMBRE, VIENE EL HAMBRE. Las siete vacas flacas asoman por el oriente con la salida del sol. Tenemos que crear las vacas gordas para que la gente no muera de hambre. Los grandes millonarios, la nueva tecnología, el crecimiento de muchos países ha creado una enorme demanda de alimentos y la demanda ha creado el acaparamiento y la especulación. Los países que tienen posibilidades de sembrar alimentos tienen la oportunidad de obtener grandes ingresos con solo el hecho de vender los productos. Dos recomendaciones 1º satisfacer el mercado interno. 2ª vender los productos ya elaborados para incrementar los ingresos.


    Una cancioncita tropical
    VIENE LA PESTE
    Que, Que,
    VIENE EL HAMBRE
    Que, Que,
    VAMO A TRABAJA
    Que, Que,
    VAMO A SEMBRA
    Que, Que,
    MAICITO
    Que, Que,
    FRIJOLITO
    Que, Que,
    HUEVITO
    Que, Que
    VAMO A VENDE,
    NO, NO, NO,
    VAMO A COME
    SI, SI, SI
    SI NOS SOBRA
    Que, Que,
    VAMO A VENDE
    QUE SÍ. QUE SÍ. QUE SI.
  5. ROBERTO LOPEZ PORRAS: (2008-05-25 10:13:11 horas)
    LOS BANQUEROS CENTRALES Y.......Creo que la actual crísis económica en Estados Unidos, que muchos niegan y que se está transfiriendo rápidamente a la comunidad internacional, es parte de un cambio de rumbo que está tomando la economia mundIal. La globalizazción o la interdependencia, son los vehículos a traves de los cuales circula la savia que la alimenta este proceso. Las crísis periódicas nunca las podremos evitar y este es uno más de los riesgos de la economia global, que los ideólogos y los políticos de los países no han dicho con franqueza ni menos han actuado preventivamente. Esta crísis es diferente a la de 1932, a la de 1980, a la de 1990 y debe aceptarse que como la economía es una ciencia social, sujeta a las variables humanas y a la lógica de la ganancia y su maximización extendida por todo el mundo, debemos aceptar tambien sus riesgos entre ellos el de las crísis periódicas. Hay muchos intrumentos para enfrentarlas desde los monetarios, hasta los de elevar la oferta y reducir la demanda por métodos de mercado y cohercitivos. El Profesor Stiglitz, un Premio Nobel de la Economia y catedrático de la Universidad de Columbia New York, solo nos hace un diagnóstico desde el prisma de su cátedra, acusa a Alan Greespan, el anterior Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, (Banco Central) de tener gran responsabilidad de lo que pasa en aquella economia y sus derivaciones en el mundo, pero no ofrece medidas explícitas, concretas aunque estas fueran para su país, y menos nos dá una perspectiva futurista, más que la que el lector puede interpretar o percibir empíricamente. No es que los economistas sean Dioses en la intrincada inter relación de la economia mundial, pero son los que por su contacto con dicha ciencia y sus aplicaciones, pueden ayudar y darnos algunos instrumentos para actuar. La estabilidad económica es el ideal y para manterla, se han creado los Bancos Centrales en todo el mundo, sin embargo los Bancos Centrales tambien dependen de la política macroeconíomica del Gobierno dentro de la cual juega especial importancia la política y la disciplina fiscal, y del sector empresarial que son parte del macro-juego económico. Las respuestas simples fluyen generosamente en el cerebro de los columnistas de los periódicos: hay que aumentar la oferta, hay que reducir la liquidez, hay que priviolegiar las inversiones en infra-estructura, hay que aplicar un Plan permanente de des-centralización económica, institucional y política, hay que subsidiar a los agentes económicos más vulnerables y propagadores del problema, como el transporte, los productores de alimentos, hay que...., hay que.... Etc. La peor receta es el inmobilismo. Lo que finalmente se puede entrever dentro de la densa trama de este tejido, es que está naciendo con dolores de parto dificil, una nueva etapa donde el esquema de producción y distribución actual esta transformándose. Lo positivo de las crísis es que ayudan a resolver las desviaciones y errores que les dieron vida.
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