Durante una década la Minugua se dedicó a observar que los CIACS fueran investigados y desmantelados por el Estado (según el compromiso adquirido por este), pero, al revés, en cada uno de los 24 reportes que la misión dedicó al tema aumentaba el grado de alarma.
A esos CIACS se les ha cargado la responsabilidad de numerosas ejecuciones y amenazas, desviación sistemática de pesquisas en el Ministerio Público (donde en 1997 fue localizada una de esas estructuras, La Oficinita) y bloqueos selectivos de casos en los tribunales. Un poderoso manto de encubrimiento desde las instituciones clave de la seguridad facilitó a los CIACS tejer una red completa de impunidad, que ahora se está comiendo al sistema.
Los CIACS se forjaron como pactos de sangre en las operaciones militares y policiales más intensas de batida contra la insurgencia. Se desprendían de la tropa regular, como pequeñas células actuando a hurtadillas, para cobrar su propio impuesto de guerra (por ejemplo, robo de vehículos y de ganado). O bien, por encargo de particulares –que eran cada vez más frecuentes– eliminaban pandillas de extorsionistas, secuestradores, asaltantes o cuatreros.
En realidad la amenaza guerrillera había sido neutralizada desde 1983, pero el estado de alerta –incluyendo dislocación de tropas, altos presupuestos discrecionales, controles poblacionales y operaciones clandestinas– se mantuvo innecesariamente hasta 1997, cuando comenzó a diluirse de manera lenta y desigual.
Sin embargo para entonces ya estaba identificada otra amenaza: la gran traición. El sistema entero (políticos, empresarios y hasta algunos jefes militares) les daban la espalda, desechaban a los dci (los ejecutores) y a sus mandos con deshonra, y los exponían como viles gorilas que había que encerrar en el calabozo. Algunos “sabían demasiado” y periódicamente eran eliminados ante el riesgo de que, en un momento de debilidad, “soltaran la sopa”.
Varios ya estaban en la calle y tenían que sobrevivir en un mercado dominado por reglas brutales.
Lo que habían aprendido era el uso de armas, conducir operaciones de seguridad y montar redes de espionaje. Buscaron socios civiles y se aventuraron a organizar empresas en un ambiente de alta demanda, erizado por la inflación de asaltos y secuestros. Otros pasaron a las planillas de corporaciones que necesitaban organizar discretos pero efectivos aparatos de seguridad y espionaje industrial. Otros más fueron a dar protección a narcotraficantes que ya se formalizaban como carteles.
Los CIACS entonces pasaron a tener diferentes funciones y relaciones. Algunos son permanentes y tienen, como cuerpos privados, vida legal, pero igualmente, pueden cometer acciones ilegales y operar clandestinamente. Otros forman parte de estructuras complejas con objetivos de más largo alcance, de carácter político o comercial; en esa organización que posee ramas de especialización profesional, como una entidad corporativa y de lucro, los ciacs constituyen el brazo armado y de inteligencia replicando un Estado en miniatura. Los hay también sumamente flexibles: se agrupan para cumplir determinadas tareas e inmediatamente se diluyen, no son permanentes y sus integrantes a veces se rotan.
Entre esas múltiples funciones y relaciones transvasan al Estado contaminándolo a través de infiltración, cooptación de agentes y hasta mandos y estructuras completas. Los CIACS más poderosos son, sin duda, los que pertenecen al crimen organizado y los que han montado algunas corporaciones privadas. Los del crimen organizado han adquirido raíces en el poder local, y los de las corporaciones se bifurcan hacia varios poderes del Estado y entidades civiles.
Los CIACS son una suerte de mafia –al estilo siciliano– en el sentido que medran de la debilidad de las instituciones estatales. Venden o están al servicio de intereses particulares (lícitos o no), les proporcionan seguridad, les arreglan el cumplimiento de contratos o eliminan competencias, cuidando celosamente su tarea estratégica: producir impunidad manteniendo un Estado gelatinoso frente a los repetidos esfuerzos de reforma y modernización.
En una visión de secuencia, los CIACS han pasado por varias fases, como se puede observar en el diagrama. Ahora están en la fase de feudalización –controles territoriales–, que no es más que la antesala del Estado fallido.
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3 comentarios:
Otoniel L. Morales: (2008-06-01 09:15:27 horas)
Si se conoce cómo actúan, quienes son, de donde han salido, dónde están, etc. etc. y con tanta minugua, relatores de esto y lo otro que descubren Guatemala en un viajecito y se convierten luego en autoridad y conocedores de nuestra realidad, que son todos o casi todos conocidos y a lo mejor "cuates" de nuestro expoderoso excanciller, porqué no se presenta por lo menos al mp (con minúsculas todo) para denunciarlos y como dicen los periodistas ponerlos en la "picota pública", o a lo mejor un juececito de España viene y los quiera "procesar". ¡¡Hasta cuando!!¿¿??
Rigoberto Lopez cH: (2008-05-25 13:02:26 horas)
Aun sin percatarse del autor de este artículo, cualquiera lo relaciona con esos grupos enquistados en el gobierno o en las organizaciones Pro-xxx que se presian por hacer analisis sesgados o porque manejan muy bien la verborrea que alfinal no aclara, sino mas confunde, y realmente cansa a quienes los leemos. LO UNICO QUE LE CREO ES LO DEL ESTADO FALLIDO QUE USTED PROPICIÓ DESDE EL GOBIERNO DE PORTILLO.
Su ensayo es sin duda interesante aunque dificil de entender por el modo en que esta redactado y sin duda con mucha especulacion ante la ausencia del respaldo de una investigacion de campo.
Discrepo sin duda de equiparar los cuerpos paralelos con una suerte de Mafia aunque reconozco puntos en comun, lo que se dio en llamar la mafia americana estaba basada en una estructura permanente con reglas cuya violacion implica la muerte, la Omerta por ejemplo y existia un sentido de pertenencia en sus miembros a su propia familia criminal.
En el caso guatemalteco existe una suerte de estructura permanente que actua especialmente en el Contrabando y Narcotrafico que son por excelencia sus principales actividades criminales por ser las mas rentables, para el resto de actividades hay una suerte organizacion coyuntural realizada a traves de colaboradores incrustados en todo el aparato estatal que incluso ellos mismos desconoce ser agentes del poder paralelo y cuya mision es mas la de accesar y compartir la informacion y a veces intervenir en operativos conyunturales, la agresion del periodista Zamora es un ejemplo de ello, derivados de un sentido de gratitud asi la persona que lo ubico en el puesto o que le otorga un ingreso economico extra "por no hacer nada", estos miembros operativos que son la mayoria desconocen que son miembros de la estructura criminal y su importancia para esta estructura, lo que es sin duda un diferencia importante con "la cosa nostra" americana. .
La pregunta sin responder es como enfrentarlo pues la espuesta en otras latitudes ha sido la creacion de fuerzas de tarea dotadas de recursos ilimitados, aqui en Guatemala el problema es de ignoracia las autoridades no entienden la dinamica de estos grupos, generalmente desde la campana presidencial las estructuras criminales ya han copado a los candidatos favoritos lo que les garantiza su continuidad operativa, complejo sumamente complejo, sin duda, pero no imposible su erradicacion, el problema es quien y como se le entra porque la capacidad operativa del crimen organizado se basa en operaciones militares de inteligencia, contrainteligencia y una experiencia de decadas, sus vulnerabilidades son escasas y la capacidad del estado nula, de ahi quiza tuvo sentido requerir al apoyo internacional para entrarle al asunto, pero lamentablemente se perdio el proyecto en el camino, por el interes personal de un pequeno grupo de pesonas sin representacion que interpuso sus intereses personales a los del pais y con ello se perdio una buena oportunidad para entrarle con seriedad al asunto, va pasar mucho tiempo antes que se presente de nuevo la coyuntura para entrarle con seriedad a este tema no le parece.
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