Un extenso y desolado desierto en todo nuestro país.
Silvia Tejeda
Desde que hace más de treinta años, cuando se comenzaron a discutir los temas vitales del medio ambiente, se nos ha venido afirmando que la vocación topográfica de nuestro territorio es la conservación, propagación y uso sostenido de todas nuestras especies maderables. Sin embargo, a tantas advertencias y observaciones se ha respondido con una precipitada e indiscriminada tala de las especies más codiciadas por el mercado internacional. Los ejemplos de bosques establecidos para uso sostenible son todavía muy escasos e insignificantes comparados con el arrasamiento de Petén, por ejemplo.
Los intentos por normar y frenar la explotación han sido ineficaces, por no decir, complacientes. Ya que por más que se afirme que la industria forestal es un empuje considerable a la economía, genera empleo y la calidad de vida en los poblados aledaños a los bosques explotados, eso no cambia el daño irreparable a la vida silvestre y a las fuentes hídricas, cuyo valor no tiene precio. Un nacimiento de agua no se puede volver a hacer brotar con el valor económico de cien salarios de taladores.
Cada año, por 70 mil hectáreas que son cortadas, solamente 11 mil se reforestan. Eso no significa que los intentos de reforestación prevalezcan todos, porque suceden múltiples casos en que los jóvenes bosques son incendiados por manos criminales o abandonados por falta de incentivos. La recuperación no se ha dado a ritmo que debiera, mientras Petén se sigue convirtiendo en desierto, las bosques de Totonicapán y Quiché nos dicen adiós, y en Chiquimula, Jutiapa y Santa Rosa los propietarios de algunas fincas de café piden permiso para descombrar como pretexto de vender los árboles de cedro, conacaste, palo blanco y chicozapote en sus propiedades.
Se señala, además, que otro de los problemas concretos que precipitan la deforestación es el consumo de leña. Sería efectivo y productivo a la vez, que a nuestro gobernante, en lugar de hacerse propaganda abstracta, se le ocurriera propalar y propiciar la venta de estufas estilo Lorena en todo el territorio. Esa acción sí se convertiría en una medida que disminuyera la pérdida de 13 millones de metros cúbicos de madera que se adjudica a la tala para leña. Prohibir un tiempo la tala industrial de bosques, sería otra medida acertada, hasta no comprobar la compensación en territorios reforestados por esas mismas empresas explotadoras. Solo así llegaremos un día a tener un manejo sostenible de nuestros bosques. Es necesario estimular ahora más que nunca la siembra de especies para leña, ya que hasta se habla de eso como otro factor energético que tomará auge. Mucho se podría lograr, si tanto afectados como beneficiados y dirigentes tomamos en serio la generosa vocación silvícola de Guatemala. Seguir basándonos en las mismas políticas, como ya se ve, solo permitirá que convirtamos a nuestro país en otro extenso y desolado desierto a lo largo y ancho del territorio nacional. Qué lástima por nuestros descendientes.
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2 comentarios:
Rolando Guzmán: (2008-05-29 12:49:12 horas)
La vocacion de la mayoria de suelos en la República es forestal, por el sistema montañoso. Para frenar el problema de talas, se debería de minimizar la exportación, aumentar considerablemente el costo de las fianzas, para que no sea mas barato perder la fianza a cambio de cumplir a cabalidad con la reforestación.
Ejercer un control mas estricto en el seguimiento de los manejos forestales e incentivar a todas las personas que se dediquen al fomento de la producción forestal.
sergio licardie V.: (2008-05-29 11:37:29 horas)
La vocación silvícola no ha existido, no por Silvia, sino por los choques culturales de nuestra historia de diferentes influencias. Todo lo que es el litoral del Pacífico y el camino al Atlántico, en una época fueron selvas poco pobladas, la cultura de construir fincas, siembras distintas a la selva y muy comerciales generaron una política de colonización, desde grupos europeos, la UFCO, etc. Lo cierto es que ahora forman parte de nuestra estructura económica actual. La selva, la reforestación, la cultura silvícola, es algo nuevo y es importante desarrollarlo, además puede generar buenos ingresos, actualmente hay acuerdos entre los países hasta para vender el aire que limpian los árboles.
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