A lo largo de mi quehacer periodístico solo he promulgado porque los funcionarios actúen con transparencia, tengan la ética y capacidad de asumir las consecuencias de sus actos cuando se equivocan. Pues solo con una casta política responsable este país conseguirá avanzar.
Por eso, resulta patético el anuncio que hizo el presidente del Congreso, Eduardo Meyer, en el que pide permiso para retirarse del hemiciclo por dos meses mientras aclara su situación legal por el desvío de Q82 millones de los ahorros del Estado a una casa de bolsa de alto riesgo. Esta no es más que otra bofetada en la cara para el pueblo de Guatemala.
Acá, lo que se nota a todas luces, es que existe una evidente complicidad de las diferentes bancadas para intentar apagar el fuego que ha causado este escándalo en el Congreso, pues quedó claro que invertir en bolsas de valores de alto riesgo y cobrar millonarias comisiones ha sido una práctica recurrente de las directivas del Congreso, incluyendo a Rubén Darío Morales.
Seguramente, Meyer junto a sus achichlincles de la UNE habrán pactado una salida decorosa para encubrir sus desaciertos , ilícitos y corrupción.
El solo hecho de haber permitido a su secretario Privado, Byron Rolando Sánchez, cobrara comisiones de Q1.3 millones por colocar el dinero en la casa de inversión, es una inmoralidad, pues existe un enriquecimiento ilícito con fondos del Estado. Lo repugnante de este caso, es que la semana pasada, los jefes de las bancadas se rasgaban las vestiduras e insistían en que Meyer debería de renunciar. Sorpresivamente, hace pocos días cambian de parecer, seguramente por oscuros pactos transados con el partido oficial o quizás porque ellos también son parte de los mismos juegos sucios.
Recordemos que en la dirección financiera, solo el presidente (Meyer), el primer vicepresidente (Arístides Crespo ahora presidente del Congreso) y el director financiero (José Conde), tienen firma en los bancos en donde se guardan los ahorros del Congreso.
Meyer se ha equivocado. Resulta una grosería que haya ocultado los nombres de sus 12 asesores que eran pagados con nuestros impuestos. Entre ellos, tres asistentes de prensa, un asesor jurídico, otro asesor de Presidencia, tres técnicos administrativos y cuatro asistentes de asuntos políticos y jurídicos. Todos ellos ganando jugosos salarios de hasta Q30 mil al mes, más bono 14 y aguinaldo. Mientras tanto, el desempleo en Guatemala alcanza cifras récord y más de la mitad de la población se muere del hambre. Además, entre una de las joyitas de su staff político se encuentra el brontosaurio político Danilo Roca, que por su paso solo dejó un mal sabor en los años noventa.
Pero quizás, uno de los aspectos más condenables es el hecho que Meyer haya contratado a Sánchez como su secretario privado, a pesar de que contra Sánchez pesaban unas 40 demandas por estafa y defraudación tributaria. Incluso, estuvo recluido en el Centro Preventivo de la zona 18, en 2004.
La pregunta a Meyer es, ¿cómo justifica que un individuo de esta calaña esté manejando las finanzas del Congreso que él preside?, ¿acaso, Meyer contrataría a Sánchez, si el puesto fuera para dirigir sus finanzas privadas o su empresa personal? Lo dudo.
Meyer no puede decir que esta transacción fue pactada a sus espaldas, pues el ahora prófugo de la justicia, Sánchez, salió del país un día antes que el presidente del Congreso hiciera pública su participación en el desvío de ahorros del Legislativo.
Pero tampoco se debe olvidar que según el Ministerio Público, Sánchez Corzo era corredor de bolsa en MDF, y que por ello invirtió dinero del Congreso en esa entidad: unos Q25 millones en 2007 y Q82 millones en 2008.
Las arbitrariedades y abusos de Meyer son muchas y la única vía que queda para su separación de la presidencia del Congreso, es lograr que prospere el antejuicio que un grupo de parlamentarios han promovido en la Corte Suprema de Justicia. El Partido Patriota presentó querella contra el presidente del Legislativo, a efecto de que se le retire la inmunidad y se le investigue por encubrimiento propio, abuso de autoridad, incumplimiento de deberes, peculado, caso especial de estafa y fraude.
Ahora corresponde al Ministerio Público, la Superintendencia de Bancos, la Contraloría General de Cuentas y el Banco de Guatemala, investigar esta situación y sentar precedente para que nunca vuelva a ocurrir un caso como este. Los funcionarios públicos deben entender que nadie es superior a la ley. Y en este caso, es lamentable que el doctor Meyer, que tuvo una trayectoria importante en la academia como rector de la Usac, haya destruido su carrera política por ambiciones y por haber perdido el concepto de lo que significa ser un servidor público. Meyer, enterró su carrera y reputación de manera lamentable.
Agregar comentario:
22 comentarios: