Todos los días pasan miles de personas por el bulevar los Próceres y ven los anuncios de sexshop.com. Una nueva idea de los mercadólogos de anunciar un sitio de esa categoría en vallas publicitarias colocadas en vías por donde pasan personas de todas edades, especialmente niños de todas las edades, en los buses escolares o en los vehículos de sus padres. No cabe duda, que se trata de los nuevos prospectos de mercado impulsado por la nueva idea, de que a más temprana edad sea consumido su producto, más plata para su empresa.
La lectura de los rótulos, está siendo la novedad entre los niños y niñas, que desde los seis años comienzan a practicar y tienen como hábito ir leyendo los anuncios que se les presentan a lo largo de la ruta. Muchos padres de familia están disgustados, especialmente, quienes creyendo darle a sus hijos el instrumento de la cibercomunicación les han comprado una computadora. Todos ellos estudiantes de primaria y secundaria menores de 18 años.
Para saber de qué se trata, antes de escribir este artículo, entré al sitio y como era de esperar, ahí dice que su contenido es para mayores de 18 y 19 años, que pueden registrarse. Váyalo usted a averiguar de qué medios se valen para cumplir con la norma. Lo que es una realidad, es que sin cumplir con la advertencia estuve dando un recorrido por los anuncios de sus distintas secciones. Se trata de un cibermagazine pornográfico, solo que, en este caso, de acceso para cualquiera.
La gama de fotografías, que en sus simples anuncios de videos se publican, son vulgares y de escenas tan extremas como fotos de niñas quinceañeras que invitan al sexo. Lo que ahí se ve hasta a los adultos expertos ofende. También hay videos, al alcance de cualquiera que haga clic, de mujeres que incitan al sexo y se masturban. Para qué contarles más si ustedes jóvenes padres y madres de familia los pueden comprobar y juzgar si ese artificial y asqueroso mundo del sexo, es lo que permiten que sus pequeños hijos vean. Piénsenlo.
Hago la aclaración de que quienes me conocen saben que no soy ni mojigata ni santulona. Escribo este comentario porque creo que, aunque mucho se trate de los embistes inevitables de la globalización y de la invasión de las franquicias transnacionales, cada país debiera tener derecho a que sus autoridades velaran porque la inocencia de su niñez ningún mercader tuviera derecho a quitársela. ¿A quién recurrir? Me imagino que a tu Muni, que transforma la ciudad de Guatemala, en la ciudad publicidad, no. Ya que por mucho que sus autoridades vayan a santiguarse a las iglesias, responderán que solo tienen que ver con el tamaño de las vallas y no con el contenido. Según se ve, el lucro no tiene moral. Es contrastante, que mientras en otros países le tengan una guerra sin cuartel a los pervertidores de menores, aquí, cualquier principio se viole en aras del “libre mercado”.
Agregar comentario:
56 comentarios: