Situación dificulta el cumplimiento del programa “Mi Familia Progresa”, pues las personas esperan el siguiente pago sin cumplir con los requisitos del mismo.
Por: Alejandro Pérez
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El miedo a las inyecciones en Cerro de Oro, Santiago Atitlán, Sololá, no se limita al dolor de la aguja. Pese a que el programa “Mi Familia Progresa” establece que para recibir los Q150 mensuales para niños en edad de lactancia, estos deben ser vacunados según lo establecido por el sistema de salud. Las creencias impiden que los padres cumplan este requisito. Según una de las creencias de los pobladores, las vacunas producen esterilidad a largo plazo. También creen que los empleados de los centros de salud reciben comisiones por niño vacunado. Margarita de León, encargada del centro de salud de la aldea Cerro de Oro, comentó que tratar de realizar su trabajo le ha acarreado problemas con los habitantes de la comunidad, quienes la han insultado y una vez casi fue atacada por un vecino armado con un machete. De León también ha sido criticada en servicios religiosos, pues algunos líderes espirituales de la comunidad son tan renuentes a la vacunación como a los métodos de planificación familiar. Esta actitud dificulta el funcionamiento del programa “Mi Familia Progresa”, impulsado por el Consejo de Cohesión Social (CCS). Pese a no querer vacunar a sus hijos, algunas personas esperan que se les selle la papelería como si ya hubieran cumplido con el requerimiento. Ante este problema, los pobladores han buscado formas para poder recibir el próximo pago. Los habitantes del cantón Tzanchali al encontrar una negativa de alterar los informes en el centro de salud del lugar, probaron suerte en los otros puestos de la aldea donde se accedió a la petición, pues allí no contaban con los insumos para la vacunación. Enrique Castañeda, encargado de comunicación del CCS, dijo que la carencia de insumos se debe al incremento de la demanda que provocó el programa. La mitad faltanteLas deficiencias también se registran en las transferencias condicionadas para educación. En la Escuela Bilingüe de Autogestión de Cerro de Oro, más de la mitad de sus 342 estudiantes quedó fuera del programa.Luciano Xicay, director del establecimiento, señaló que hubo una desorganización en los censos y muchas personas no fueron registradas en las listas, pese a tener las características que busca el programa. Castañeda indicó que, debido a la desconfianza de la gente, los encargados de censar no encontraron en sus casas a muchas de las personas. Manuela Xitamul, madre de un niño de ocho años que cursa segundo grado de primaria, es una de las personas faltantes en el programa. Explicó que sus datos fueron registrados, pero el día que se hizo la primera entrega en el lugar, su nombre no figuró en la lista. Pese al temor expresado por Xicay, que quienes quedaron fuera ya no tengan la oportunidad de ingresar al programa, el pasado lunes se volvió a realizar el censo en las aldeas de Santiago y, según Xitamul, le ofrecieron que esta vez sí será incluida. Como resultado del nuevo recuento, la alcaldía auxiliar de Cerro de Oro registra que se incluyeron 300 familias. La falta de informaciónLos trabajadores de educación coincidieron con los de salud, en que los empleados públicos no contaban con la información necesaria para llevar a cabo el programa.Xicay, argumentó que las escuelas que pertenecen al Programa Nacional de Autogestión para el Desarrollo Educativo (Pronade), fueron las últimas en recibir información sobre la forma de manejar la papelería y el control de asistencias. Las instrucciones llegaron a los puestos de salud una semana después de la primera entrega, lo que provocó tensiones adicionales entre empleados y pobladores. |
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