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    Guatemala, domingo 15 de junio de 2008

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    ACCIÓN

    Nueva o usada la ropa es "made in China"

    Dicen que comprar ropa es una experiencia gratificante. Los guatemaltecos se premiaban una o dos veces al año, pero con la llegada de ropa china desde hace tres décadas, parece que cualquier día es bueno. Los chinos están modificando hábitos de consumo y de producción.

    Todos, absolutamente todos, tienen en su closet prendas hechas en China. Probablemente la ropa que vista hoy en la etiqueta tenga bordado con letras muy pequeñas “Made in Hong Kong”, “Shanghai” o simplemente “China”. El país más habitado del planeta viste a los guatemaltecos –de todas las capas socioeconómicas– y al mundo entero. Ellos se quedan con buena parte de los más de US$350 mil millones anuales del negocio de la ropa en el globo.

    La cultura del volumen y lo barato están modificando los hábitos de consumo de los guatemaltecos, tanto de productores como de sus clientes. Está quedando para el recuerdo la imagen de la costurera que copiaba de la revista de moda el diseño de la prenda que le encargaban, o del sastre que confeccionaba los pantalones de lona para los niños. Resulta más barato desde hace 10 años comprar donde los coreanos los saldos de ropa que exportan a Estados Unidos, en almacenes que la importan de Panamá y en las pacas que llegan de Estados Unidos. Mucha de esas prendas fabricadas en China.

    Las modas son tan efímeras desde que los medios de comunicación se hicieron casi instantáneos para informar de las nuevas tendencias para vestir y los precios de la ropa bajaron, claro, desde que exportan los chinos. Hace 10 años ni en oferta se encontraban pantalones nuevos de lona para dama en Q45 como se venden ahora en tiendas como Bulock’s. La paradoja es que en estos tiempos de crisis económica, cuando de ropa se habla es posible decir que con menos dinero se compra más que antes. Amén de la existencia de los sitios para adquirirla más barata: las pacas, las tiendas de saldos de las más de 200 maquilas en el país y por supuesto, almacenes donde venden ropa importada de China. Ellos visten al país. Las marcas nacionales que ocuparon ese lugar hace 30 años le bordan ahora su etiqueta a uniformes escolares y de empresas.

    Las manos que nos vestían

    Hace más de 25 años Donald Rodas salía en su picop a mercados cantonales y a pueblos de los departamentos para vender ropa que confeccionaba en sus talleres, en la zona 7 de la capital. Él preside la Asociación de Pequeños Confeccionistas. En aquellos días vendía camisetas, trajecitos de niño y playeras. Rodas era propietario de una pequeña empresa familiar como muchas ubicadas en poblados a lo largo de la carretera Interamericana, desde la capital hasta San Pedro, San Marcos. Algunos de esos lugares poseen mayor vocación para fabricar ropa, como San Francisco el Alto, Totonicapán. En esa ruta se encontraban quienes vestían a los guatemaltecos.

    Por aquellos días a todos les iba bien, todos vendían. En la capital, por ejemplo, una de las marcas locales más reconocidas era la de la camisería España. A mitad de los noventa, Rodas, el pequeño productor, comenzó a percibir la entrada de ropa más barata en los lugares que abastecía. “Mis clientes me decían que alguien más les daba mejores precios, las playeras que les dejaba a Q5 las conseguían en Q2. Aunque eran de mala calidad pesaba más el precio bajo”, le decían. Era producto chino, se tienen referencias que en los ochenta comenzó a entrar al país. La mano de obra china es bastante más numerosa y más barata, compara Luis Óscar Estrada, gerente de la Comisión de Vestuario y Textiles (Vestex), de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport). “Incluyendo prestaciones laborales un obrero chino gana US$4 por día, en tanto que uno guatemalteco US$9”, los salarios mínimos de cada país.

    Los productores locales se enfrentaron además a un mundo que cambiaba más rápido de lo que ellos podían adaptarse. El cable con sus nuevas series de televisión y el vestuario de los personajes (la moda que aún impera), modificaron las preferencias de vestuario en los jóvenes, el grueso de la población. Esta vez era el gusto por la ropa de marca. Los productores locales se fueron por la imitación, la piratería hecha en casa. “No los justifico, pero hacían eso o se morían de hambre porque no hay políticas gubernamentales que protejan a los productores locales, como hace México”, compara Rodas. La evidencia más contundente se encuentra en los días de mercado en San Francisco el Alto, donde pueden encontrarse camisas tipo polo por unidad o por docena, con el lagartito bordado, lo mismo que pantalones con las marcas de moda. Todas elaboradas por empresas familiares guatemaltecas. Contratan, incluso, a costureras de barrio para pegar en su casa las marcas de esas prendas.

    Rodas estima que hay más de 3 mil pequeños y medianos confeccionistas del vestuario. Y de ellos otro grupo captó un nicho legal en el mercado, el de la confección de uniformes para trabajadores y escolares. Son ellos quienes visten a obreros con pantalones de lona con el logo de empresas, lo mismo que a meseras de restaurantes y personal de oficina. “También nos dedicamos a elaborar prendas publicitarias”, dice Rodas a tiempo que alcanza una camisola con el logotipo de una empresa patrocinadora de un equipo de fútbol. Ni playeras, ni camisetas ni trajecitos de niños, como antes. Quedan pocas marcas nacionales que visten a los guatemaltecos, como El Zeppelín.

    Además de la entrada de ropa china hay otro factor por considerar: el contrabando (los comerciantes informales mueven US$363 millones al año, principalmente de ropa y calzado), y con ello, la piratería. En un estudio de la firma de mercadeo CID Gallup, el 96 por ciento de los consumidores consultados admitió haber comprado productos de imitación. Es que una camisa Lacoste, la del lagartito bordado, su precio original está entre Q700 y Q800. En la sexta avenida de la zona 1 se consigue por menos de Q100.

    Las mujeres compran más

    Comprar ropa es una experiencia gratificante, consideran algunos conocedores de este negocio. Solo vean cómo la gente le sigue llamando a la mudada que viste en fechas especiales como en Navidad y Año Nuevo, “el estreno”. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos Familiares (Enigfam), reportó que en 1998, los hogares guatemaltecos dedicaban un 7 por ciento de sus ingresos a comprar vestuario y calzado. Algunos conocedores del negocio de la ropa aseguran que esta cifra cambió de entonces a la fecha. Javier Hernández, director general de la cadena de tiendas de ropa Bulock’s, asegura que es un 10 por ciento, según estudios de mercado que ha contratado.

    ¿Quién gasta más en ropa? “Las mujeres, Q3 mil al año. Los hombres la mitad de eso”. El dato de Hernández coincide con la oferta en el Centro Comercial Miraflores, donde por cada tres tiendas de ropa para mujeres hay una para hombres. En Bulock’s la prenda más vendida es la blusa, tres por cada jeans de hombre. “Y es también la mujer la que le compra ropa a la familia: de cada 10 veces que llega a nuestras tiendas, en tres de esas visitas le compra al esposo y en cinco a los hijos”. Antes los guatemaltecos compraban ropa una vez al año, Hernández está seguro que desde hace unos años compran cada mes al menos una prenda. La ropa barata lo logró.

    Dónde compran su ropa los guatemaltecos depende del estrato social al que pertenezcan, la edad y qué prendas compre. Una encuesta de CID Gallup a 300 mujeres del área metropolitana (octubre de 2007), reveló que el 98 por ciento compraba ropa interior, más que cualquier otra. “El 35 por ciento dijo adquirirla en el supermercado, el 27 en el mercado, 16 por catálogo y un 15 por ciento en boutiques. El último grupo pertenecía a la clase media alta, alta”, señala Luisa Fernanda González, directora de la firma.

    El segmento de nivel económico alto (menos del 5 por ciento) compra su vestuario fuera del país; el medio y medio alto busca tiendas locales de franquicias extranjeras, como Zara o Bennetton. El medio bajo y bajo, se viste en ventas informales, pacas o en almacenes que importan ropa china. Aunque en las tiendas de saldos de maquila, de “chinos” como les llaman, por observación, atiende una mezcla de segmentos. Hay tiendas de coreanos en la zona 15 lo mismo que en la zona 3. Sucede también en algunas ventas de paca.

    En 2007 las importaciones de ropa usada alcanzaron alrededor de los US$40 millones. ¿Cuántas de estas ventas hay en el país? “Ni idea, solo en el mercado del Guarda, entre puestos informales en la calle y localitos hay más de cien, no los he podido contar”, asegura Mario Peña, gerente de Mercadeo de las 15 tiendas Megapaca. Para el terremoto de 1976 entraron las primeras toneladas de ropa usada, se cree que a partir de este evento natural a alguien se le ocurrió comercializar esta ropa.

    “Sí, en las etiquetas de mucha de nuestra ropa dice “Hecha en China”, pero con estándares de Estados Unidos. Le puedo asegurar que aunque usada, nuestra ropa es de mejor calidad que la importada, nueva, de China”, dice.

    La publicidad de sus bolsas, los “A puchis” pretenden quitar el estigma de comprar en pacas. Por ejemplo, el “A puchis” número 3 dice, “Pagar Q700 por un jeans no es de ricos… es de locos”. La presentación de las tiendas se asemeja a una tienda de ropa nueva, todo en serchas y no en volcanes de ropa en el piso, como suelen vender las ventas de paca. “Nos enfocamos a un sector popular de la población, pero le puedo asegurar que tenemos tiendas donde nuestros clientes pertenecen a sectores altos. Solo vea los carros que se parquean”, Peña muestra una foto de una de sus 15 tiendas donde hay varios autos de modelo reciente. Van en busca de ese 5 por ciento de ropa nueva de tiendas como Sears, JCPenny y Target que descontinúan en cada cambio de temporada. La Megapaca también vende más blusas que cualquier otra prenda.

    El negocio de la ropa es casi como el de la comida, todos la necesitan. En esta carta de vestuario buena parte del menú es oriental, hay para todos los gustos y bolsillos, nueva o usada.

    M. Valdés / V. Gudiel

    14 junio 2008

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