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Guatemala, domingo 15 de junio de 2008

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elAcordeón:

Una batida diferente

Música desdeñada al inicio por el público brasileño, y aceptada fenomenalmente por los estadounidenses, el bossa nova probó que su transgresión era válida y necesaria para la renovación. Eso dicho, después de 50 años de su nacimiento.

Jorge Sierra

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Nova Bossa Nova

Actuales intérpretes del Bossa Nova: Rosa Passos, Emilio Santiago, Leila Pinheiro, Marco Figueira, Vinicius Cantuaria, Lisa Ono, Joyce y Ana Caram. El estilo ha sido también abordado por no brasileños como, Diana Krall, Natalie Cole, John Pizzarelli, Victoria Abril, Jane Monheit, Paquito D’Rivera, Yo Yo Ma, Michael Bublé, Jean Toots Thielemans y Sadao Watanabe, entre otros.
“Ya no sé lo que va a ser de mí/ Todo me dice, que amar será mi fin/ Qué desesperación causa el amor/ No sabía lo que era el amor/ Ahora lo sé, porque ya no soy feliz”, eso decía con tormento y desconsuelo la voz ronca de Elizete Cardoso, en Cançao do amor demais, título que a su vez le dio nombre al long play. Sin saberlo, ésta canción que duraba 1:59, abrió el camino para el ritmo que se escucharía y se grabaría por todo el mundo: la bossa nova (traducido, encanto nuevo). El disco de Cardoso, fue publicado en mayo de 1958, es decir, hace 50 años.

Por supuesto, el nacimiento del bossa nova no ocurrió por generación espontánea. Hubo una vida embrionaria de décadas, como lo muestra la canción Copacabana, que grabara el crooner Dick Farney, en 1946. Incluso el nombre, se cree, tuvo su origen en la canción Coisas nossas, que grabará Noel Rosa en 1930. En fin, una larga historia previa existe a la grabación de Cardoso, en la cual se trazaron, sin embargo, los primeros postulados, por los dos compositores de todo el material: Vinicius de Moraes, Antonio Carlos Jobim, más la participación en algunos temas del guitarrista bahiano Joao Gilberto.

En ese disco Gilberto ofreció algo, una batida que rompía con los estereotipos de la samba cançao, al alterar el ritmo y rasgar las cuerdas. Produjo así la célula que parecía estar independiente al resto de la masa orquestal y que sería la generadora de vida de la bossa nova.

Como cosa curiosa, según lo cuenta el periodista Ruy Castro, en su libro Chega de saudade, “el disco (con dos mil copias a la venta) contrario a lo que se podría pensar hoy, no fue un éxito. Ni siquiera un pequeño éxito”.

A partir de esa experiencia, De Moraes y Jobim, amigos de Gilberto desde hacía tres años, mediaron para que este último grabara un primer disco como guitarrista y cantante. Así, Chega de saudade, sale a luz el 10 de julio de 1958, para el sello Odeon. En esa placa de 78 rpm, con dos canciones, Gilberto atendía los deseos que Jobim le había sugerido antes a Cardoso, de atrasar o adelantar el ritmo al cantar de acuerdo a lo que la letra pedía. La instó a probar. Por supuesto, la diva muy autosuficiente ella, no se interesó. Así, la amistad y colaboración del trío fue decisiva para la modernización y evolución de la música popular del Brasil. Es más, para Jobim, este disco fue, “el punto de fisión, la ruptura con el pasado”.

Los atributos

El bossa nova trazó su perfil. El trío ayudó como a sistematizarlo. Primero: la forma en que Gilberto tocaba la guitarra. Era diferente, con una batida que algunos llamaron violao gago (guitarra tartamuda). Si antes la música popular brasileña se construía sobre la base rítmica de todo un conjunto, con un rol importante para la percusión, la batida de Gilberto condensó toda esa batería de samba con una simple guitarra acústica, posibilitando un tema sincopado rítmicamente con solo voz y guitarra. Al inicio una batida difícil de imitar.

Segundo, fue su forma de cantar. La mayoría interpretaba de forma habitual la samba cançao.

Gilberto sin malabarimos vocales y sin emociones superficiales, con su voz nasal y un tanto susurrante inventaba así un mundo íntimo, lleno de sofisticaciones, de estudio, de sutilezas. Además, con un sentido rítmico implacable. Por cierto, Miles Davis comentó una vez que Gilberto tendría ritmo incluso leyendo el periódico. En suma, la guitarra se combinaba con su voz que completaba los acordes, y mezclaba el ritmo con el fraseo vocal en un coctel integral. Una rica disociación, entre guitarra y voz.

Por supuesto esa cierta desnudez de voz y guitarra, mejoraban fenomenalmente con los arreglos sofisticados e inteligentes de Jobim, compositor y arreglista de sólida reputación (estudió con el dodecafonista y compositor alemán Hans Koellreutter).

Para cerrar el círculo, el estilo poseía un tercer elemento: La poesía. La cantante Nara Leao lo explicó muy bien: “Antes se escribían letras muy folclóricas y sin metáforas: ‘voy a morir, te voy a matar de amor, etcétera’. El bossa en ese sentido introdujo la delicadeza, la imagen poética, una cierta ingenuidad”. En ese terreno, en cuanto al manejo y valorización de la palabra, tuvo fundamental y fuerte influencia De Moraes, poeta y escritor.

Ahora bien, los tres respondían a una inquietud despertada ya en otros músicos, sobre todo en la casa de Nara Leao, en Río de Janeiro, donde se reunían, Carlos Lyra, Milton Banana, Ronaldo Boscolí, Roberto Menescal y Alfredo José da Silva. La historia da crédito que en la primera generación del estilo, la melodía fue esbozada por Jobim y Carlos Lyra, mientras que el ritmo devenía del jazz, como lo aseguró Menescal: “Queríamos descartar lo que ya conocíamos para hacer lo que verdaderamente nos gustaba. Y entre eso estaba el jazz, mucho jazz, entre ello Chet Baker.

Se nos ocurrió entonces hacer una samba más moderna. Y en eso estábamos cuando un día llegó Joao Gilberto. Se puso a tocar y de inmediato nos dimos cuenta que eso era lo que queríamos: Él había encontrado el estilo”.

En contraste a esto último, Jobim afirmó en una entrevista ofrecida a la prensa norteamericana poco antes de morir que, “se habla mucho de la influencia del jazz y hay que tener en cuenta que tampoco fue grande. En realidad la bossa nova influyó más en el jazz que al revés”, y seguidamente afirma que esas armonías del bossa nova eran porque él había estudiado piano clásico y había escuchado sobre todo a Claude Debussy. Aunque no negó que idolatraba a Cole Porter y a George Gershwin.

El contexto social

Juscelino Kubitschek accedió a la presidencia del país (1956) y con él, Brasil se situó entre las más grandes naciones del mundo. Río de Janeiro, por su parte, experimentó un gran desarrollo urbano y se convirtió en la capital cultural del país, la ciudad en la que hoy conviven más de seis millones de habitantes.

Fue justo en esa “Era JK”, como se le llamó, cuando ocurrieron los años dorados, los años más felices de la historia del país, sobre todo para la música y por ende, para el surgimiento de la bossa nova.

Al siguiente año de terminada su gestión presidencial (1962), ocurrió el casi mítico concierto en el Carnegie Hall, en Nueva York. A ese concierto viajó una galaxia de brasileños. El contingente, fue recibido en el aeropuerto por una multitud de seguidores. Ese impacto entre los músicos brasileños se prolongó incluso hasta el momento de la actuación.

Producto de esa visita, los estadounidenses escucharon de cerca la forma de forjar el estilo, de conocer un repertorio que no estaba al alcance de EE.UU., y provocó la grabación de numerosos discos, entre ellos, Jazz samba, interpretado por el saxofonista Stan Getz y el guitarrista Charlie Byrd, y después Getz/Gilberto, que salió en 1964. Este último, entró al olimpo de la fama. Obtuvo dos premios Grammy como Mejor Álbum del Año, y como Mejor Grabación. Este, incluía The girl from Ipanema, que alcanzara el puesto número cinco de la lista de éxitos de la revista Billboard. En esta obra maestra intervenían Getz, Joao Gilberto, la entonces su esposa Astrud Gilberto, y Antonio Carlos Jobim, en el piano.

El bossa nova había llegado para quedarse. La profundidad del estilo encontró un lugar en los oídos y en el corazón de los músicos de jazz, como, Quincy Jones, Sonny Rollins, Herbie Mann, Joe Henderson, Art Blakey, Clare Fisher, Charlie Rouse, Horace Silver y Duke Ellington, entre muchos otros.

Sergio Mendes explica por qué: “La música brasileña es muy melódica, y eso la convirtió en una gran fuente de inspiración para los jazzistas”. Y agrega, “las piezas de bossa nova son muy explícitas. Tienen grandes acordes variables. Y eso construyó nuevos cimientos. Era fascinante tocar esas melodías. Aún hoy, yo siento lo mismo”.

Cincuenta años después, la seducción de la bossa nova, su maravillosa elegancia; su nostalgia alegre; su refrenado, fácil e inteligente ritmo; su jugosa batida; su efecto hipnotizante; sus toneladas de musicalidad y su filosofía vital puede que nos provoque parafrasear esa embrionaria canción: “No sabía lo que era el bossa nova/ Ahora lo sé, por eso soy feliz”.
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