Hijo de puertorriqueños y nacido al sur del Bronx, Nueva York, Richard “Crazy Legs” Colón, es uno de los fundadores del hip hop o “breakin”. Estuvo en el país hace una semana para impartir talleres a jóvenes miembros de estos grupos, conocidos además del baile por sus vistosos grafiti.
Por: Carlos Rigalt C.
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A finales de los setenta, cuando comienza el hip hop en el sur del Bronx esta era una zona violenta, con problemas de drogas y pandillas. ¿Cómo sirvió el baile de catarsis para alejar a los jóvenes de los problemas? – Cuando comencé a bailar había mucha violencia en los vecindarios, gente viviendo de los programas de asistencia social, no habían proyectos de ayuda para los jóvenes, nada de arte, pero sí básquet o béisbol. Si alguien deseaba aprender a bailar las únicas opciones eran ballet o tap. Pero estas no servían para alguien de un vecindario violento. Fuimos forzados a encontrar una forma de baile que no tuviéramos que pagar por aprenderla. Nos volvimos autodidactas o nos enseñábamos unos a otros. Nos volvimos muy competitivos. Esperábamos con ansias la llegada del fin de semana para ir a la esquina o a una fiesta en el centro comunitario y demostrar los pasos que habías practicado durante la semana. Esto fue el comienzo, pero ahora este baile se usa en muchos países del mundo como una manera de construir la paz y procesos de comunicación entre la población. Recién regreso de Uganda, donde utilizan el hip hop y sus elementos –grafiti– como una herramienta para desarrollar relaciones entre distintas tribus que antes eran enemigas. ¿El baile puede ayudar a reconstruir las relaciones de grupos como las pandillas? – Se está haciendo. En Uganda existe un grupo de baile compuesto por tres personas –un musulmán, otro cristiano y otro testigo de Jehová–, que provenían de diferentes tribus, con diferentes ideologías y ahora tienen muchos seguidores. Y en Estados Unidos, ¿sirve también el hip hop para este propósito de unir grupos sociales? – Fue duro para mí al regresar y observar cómo nuestros llamados “conflictos” no lo son realmente, comparados a los de un país como Uganda. Aún en el Bronx, que está peor que la mayoría de lugares en Estados Unidos, no tenemos realmente esos problemas. Para nosotros el breakin fue una forma de unir a quienes proveníamos de la pobreza. Este fue el origen del hip hop: mientras más pobre eras y más problemas tenías, más creativo te volvías. El baile a su vez significaba la oportunidad de hacer las cosas que soñábamos: viajar, tener un oficio y conocer chicas. ¿Cuáles fueron tus influencias? – Primero mi primo, quien me enseñó cuando yo tenía diez años. Luego B Boy Spy, un gran breaker de la época. Pero una de las mayores influencias en los orígenes del hip hop fue James Brown. No solo por su música sino por sus movimientos al bailar. Cuando el hip hop comenzó no se realizaba en el suelo, como ahora, se hacía más que todo, de pie. Muchos en el sur del Bronx imitaban los movimientos de J. Brown. Luego el baile fue evolucionando. Incluyendo cada vez más acrobacias y recibiendo influencias, sobre todo de la música y ritmos afroamericanos y latinos como la salsa. ¿Y ahora? – Es una gran mezcla, incluso tiene elementos del Charleston (baile de los años veinte, popular en Estados Unidos). Pero sus raíces siguen siendo afroamericanas y latinas. ¿Qué le puede dar el hip hop a un joven que lo practica? – Muchas cosas. Si provienes de un hogar disfuncional, pobre, viviendo de la asistencia del Gobierno, el baile es todo lo que tienes. Y no te das cuenta sino hasta que llegas a los 30 años y te dices: “Me siento tan bien de haber tenido este baile, porque si no, es probable que hubiera asesinado a alguien o estuviera muerto”. Pero hoy, muchos lo hacen por hobby. En las universidades hay clubs. En esa forma los estudiantes se relajan de las presiones del estudio. Se dicen: “He estado estudiando toda la semana. Ahora me voy a poner a bailar, a ser creativo, voy a expresarme”. |
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