Sonia Ospina es cofundadora y codirectora del Centro de Investigaciones de Liderazgo en Acción Robert F. Wagner de la Escuela de posgrados de Servicio Público de la Universidad de Nueva York (NYU). Esta profesora ha participado y dirigido investigaciones a lo largo y ancho de América Latina que se enfocan en un área específica: el Estado y la Administración Pública.
Claudia Méndez Arriaza
Ampliar imágenFoto:
Walter Peña
La idea del nuevo Gobierno es que el líder reparta liderazgos.
La semana pasada participó en la reunión anual de la Red Interamericana de Educación para Asuntos Públicos en la Universidad Rafael Landívar. Y en esta entrevista, la socióloga habla sobre las nuevas tendencias de Gobierno en la región latinoamericana. Sus investigaciones se concentran en el liderazgo. Y la pregunta es esta: ¿cuál es el perfil del líder político latinoamericano de hoy? – Ha habido un movimiento de líderes hacia la izquierda, hacia preocupaciones más sociales: pobreza, inclusión social y la necesidad de una mayor participación. El líder latinoamericano de hoy es un líder muy crítico, plantea más sus posiciones frente a Estados Unidos. Entre ellos tenemos, en un extremo, el caso más radical, Hugo Chávez, y en el otro extremo, menos radical, pero representante de alternativa diferente, a dos mujeres en Argentina y Chile. No todos son iguales, pero sí plantean una alternativa diferente a la que vimos en los últimos 10 años. Y también contamos con el perfil tradicional como el colombiano, el presidente Álvaro Uribe, con igual carisma, pero con visiones distintas: él es más alineado con Estados Unidos, una línea mucho más conservadora.
Izquierda y pobreza. ¿Siempre asociaremos la preocupación por temas sociales con gobiernos de izquierda? – Creo que es mejor no ideologizar porque el problema de pobreza, desigualdad y exclusión le concierne tanto a derecha como izquierda. Creo más bien en una sensibilización en ambos tipos de líderes. Hay propuestas que tratan de incluir mayor número de actores sociales, de llevarlos a participar, y tiene que ver con la nueva dinámica, de aceptar que todos los actores de la sociedad deben participar. Esa es la nueva gobernanza, el nuevo Gobierno.
Y ¿de qué se trata? – Trabajar bajo la idea que la responsabilidad de resolver los problemas no le corresponde solo al Gobierno o al Estado. Y que el problema es que no partimos de un piso donde todos somos iguales, entonces generamos dinámicas para quienes estuvieron excluidos en el pasado.
Se refiere a los grupos indígenas especialmente. – A ellos especialmente, pero también a quienes han vivido en la economía informal, a grupos marginados. Los recicladores de basura, por ejemplo, que hasta antes se consideraban como un grupo que trabajaba con basura y nada más. Cuando surgió un movimiento fuerte de estas personas, notamos que son capaces de generar cambios... y los líderes saben ahora que sus propuestas o necesidades deben ser consideradas tan importantes y válidas como las de un empresario.
Y supimos de ellos hasta que vimos que son capaces de detener una nación. En México y Argentina, por ejemplo. – Exactamente. La nueva tendencia de hacer gobierno requiere especialmente distribución de liderazgos. El líder sabe que debe generar espacios para otros líderes.
Las mujeres, entre ellos. Usted acaba de mencionar a dos presidentas. – No ha sido fácil, por el machismo y porque las mujeres mismas hemos contribuido sutil o concretamente a mantener esas reglas de juego que benefician más a hombres. Aunque en América Latina existe una clase de mujeres ejecutivas –hablo del sector empresarial– que impulsan muchos cambios y tienen poder, persisten diferencias aún: los salarios no son iguales y políticamente, y en espacios públicos, todavía el nivel de representación es minoritario.
Y sus representantes suelen provenir de las élites de los marginados. La base, por ejemplo, de un grupo indígena ¿se siente representado en su élite? – El caso de Evo Morales es especial: él no pertenece precisamente a esa élite indígena. No pasó por esa formación que le dan el capital de conocimiento, él sí representa una fisura, pero ¿qué vemos? Que las cosas no son fáciles, que se debe pelear.
¿Por qué? ¿Por qué la sociedad los rechaza? – Porque sus planteamientos generan perdedores que nunca han perdido. A la gente que tiene poder y privilegios le cuesta mucho pensar en abandonar esa posición y se siente amenazada con esas fisuras.
Sus investigaciones se han concentrado en evaluar las políticas públicas. ¿Cuáles son las grandes deficiencias y los principales retos que encuentra en la administración pública latinoamericana? – El reto principal es generar sistemas que permitan al funcionario público dar cuenta cómo gasta los recursos públicos. Crear sistemas de evaluación y monitoreo que permitan ver qué hacen y cómo corresponden a las promesas del líder a su electorado. Existe ahora en América Latina una serie de movimientos en los cuales miembros de la sociedad civil organizados piden cuentas al Gobierno y cuando la sociedad civil hace esto, profundiza la democracia.
Se ha concentrado también en el estudio de las migraciones. Y podríamos decir que los países latinoamericanos son aún más complejos a raíz de este fenómeno. – Exacto. Y nosotros concluimos que el Estado debe jugar un papel. Una colega, Natasha Iskander, habla de la necesidad de un Estado Inteligente: los inmigrantes en Estados Unidos o en Europa son personas que cuando tienen recursos se dan cuenta que enviar plata a su familia no es suficiente. Muchos migrantes se están organizando y piensan cómo utilizar esos recursos, y eso ya es participación ciudadana. El Estado debe facilitar estos procesos y ser intermediario para que esos recursos se canalicen y que no sean remesas que solo beneficien de nuevo al status quo. El caso de los dominicanos y colombianos es inquietante: está demostrado que afuera de su país ejercen la ciudadanía y a raíz de su organización existe ahora el voto del colombiano que vive fuera.
¿Y resulta determinante? – No diría determinante, pero sí genera dinámicas interesantes.
Existe la idea que el migrante puede influir en cómo votará su familia. – Y puede suceder. Mi colega descubrió un caso interesante y documentó de qué manera los migrantes marroquíes, que viven en París, incidieron y fueron determinantes en generar una política energética. Y eso es justamente el nuevo Gobierno: todos los actores mueven y generan cambios.
0 comentarios: