Jorge Mario Ávila del Águila, pastor, misionero y pedagogo, fue el principal promotor de la educación desde la Iglesia católica. Sus huellas quedaron no sólo en este país, también en la lejana África.
Susana Portillo
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Archivo
Días antes de su muerte, el Obispo Ávila pidió que le trasladaran a Jalapa, donde había ejercido el sacerdocio durante 14 años.
Aquella voz grave que siempre hizo chillar los micrófonos, aquella voz que llegó a oídos de muchos maestros, no se escuchó más. Días antes de su partida, monseñor Ávila dejó de hablar. Una parálisis cerebral provocó su muerte el 3 de mayo.
Monseñor Ávila nació en la ciudad de Guatemala, el 19 de abril de 1924. Fue el tercero de cinco hermanos que nacieron de un padre vendedor de seguros, y de una madre dedicada al cuidado de la casa y los hijos.
De pequeño, siempre disfrutó la lectura de folletos que describían las misiones religiosas en África.
Esas revistas marcarían su vida años después. A los 12 años ingresó al Seminario Menor de los Padres Paulinos, en El Salvador, y en 1941 fue ordenado sacerdote.
Más tarde, cursó en Panamá la licenciatura en Filosofía y Letras y, posteriormente, viajó a Suiza para continuar sus estudios. A finales de 1974 obtuvo el grado de Doctor en Pedagogía en la Universidad de Friburgo. Ahí, alcanzó la distinción máxima, Suma Cum Laude, por su rendimiento académico y por la tesis titulada “Evolución de la idea de Dios en el adolescente guatemalteco”. Su investigación fue traducida al francés. En uno de los capítulos proponía que la percepción de Dios en los jóvenes variaba según su sexo y edad.
De regreso en Guatemala, en 1978, fue nombrado Administrador Apostólico de Petén. Su labor se centró principalmente en promover las “Escuelas del Vicariato”; ellos pagaban el salario, y capacitaban al educador en un lugar donde no había escuela, con la condición de que la comunidad gestionara ante el gobierno la institucionalización de la misma.
Como presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG), impulsó la pastoral educativa, enfocada a la formación permanente del maestro. Cuando presidió la Comisión Pastoral de Movilidad Humana, gestionó el retorno de los refugiados guatemaltecos ubicados en México. Sus colaboradores recuerdan las constantes visitas que realizaba a los campamentos de refugiados.
A monseñor Ávila se le atribuye la creación de la obra “Al servicio de la vida, la justicia y la paz”, documento que, según Raúl Hernández Chacón, director de la Dirección de Desarrollo Magisterial, fue trascendental para el impulso de los Acuerdos de Paz y la reforma educativa.
A sus 75 años, edad del retiro reglamentario episcopal, se ofreció como misionero ante la congregación de los Padres Paulinos, quienes le sugirieron: “apueste por África”. Y, retomando los recuerdos de aquellos folletos, eligió Guinea Ecuatorial, donde la Misión Mokom-Mikomeseng se hacía cargo de dos escuelas. En aquellas lejanas tierras fue conocido como “Misionero en la salud y en la enfermedad”. Un cáncer gástrico lo hizo regresar al país.
Disfrutaba del deporte, una y otra vez se le vio en el estadio apoyando a sus equipos favoritos: Jalapa y los Rojos. Tras su última enfermedad, pidió a sus familiares regresar a Jalapa, donde entregó 14 años de su vida pastoral. En sus últimos días no pudo hablar, se comunicaba por medio de la escritura. Los sacerdotes y amigos que lo visitaron únicamente percibieron sus gestos y algunas lágrimas. Estas últimas, producto de cierta frustración que le causaba no poder comunicarse con sus amigos y familiares.
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4 comentarios:
Luis Manuel Camposano Avila: (2008-12-21 10:37:03 horas)
Monsenor Avila fue un obispo misionero que vivio intensamente con el carisma de San Vicente de Paul. Sus aportes a la educacion fueron importantes con la carta pastoral Educacion Desafio y Esperanza, ademas de su importante papel como presidente de la Instancia Mediadora en 1993 y 1994 que coadyuvo al retorno de miles de retornados guatemaltecos que vivian refugiados en campamentos de Mexico. Monsenor Avila el Obispo de los Maestros y de los Retornados Guatemaltecos.
Celeste Castañaza: (2008-06-16 20:11:21 horas)
Monseñor Jorge Mario y su vida... digno ejemplo a seguir, en nuestra vida cotidiana... un ejemplo de humildad y servicio al prójimo.
Felicito esta nueva seccion de "elPeriodico" un tributo a las personas que han dejado una huella positiva en nuestro pais, siendo motivacion para todos los guatemaltecos de seguir luchando cada dia por nuestros ideales para construir una mejor Guatemala.
juan fratti: (2008-06-15 17:13:11 horas)
En una sociedad en CRISIS, andamos buscando VALORES, y AUTENTICOS HEROES, ahi los tenemos pues, talvez estuvimos sentados a la par de ellos o vivian en la casa de al lado. Y NUNCA NOS DIMOS CUENTA. Que triste que solamente al morir, le reconozcan a uno en su pais, su contribucion a la sociedad.
Julio Paiz: (2008-06-15 17:03:01 horas)
Todo un modelo de vida a seguir la de monseñor Jorge Mario Ávila del Águila. Daría una recomendación a la redacción: que se publiquen y se comenten los escritos de la pastoral educativa de monseñor Ávila, pues son toda una cátedra para los que estamos comprometidos con el mejoramiento de la educación de nuestro país.
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