En la galería Sol del Río se presenta una serie de piezas e instalaciones de la artista salvadoreña Verónica Vides.
Rosina Cazali/No lugar
En la galería Sol del Río se presenta una serie de piezas e instalaciones de la artista salvadoreña Verónica Vides. Titulado Trama, este proyecto recoge toda una serie de experiencias que la artista ha desarrollado a través del tiempo y su interés por los materiales de residuo, alambres de construcción que van tomando formas caprichosas e incluso, al paso del tiempo y la humedad de estos días, los procesos de la corrosión. Según Vides, este trabajo de reciclaje atiende a una búsqueda interna de respuestas, es una trama que se construye y destruye entre trazos y puntadas de alambres retorcidos que parecen cobrar vida, como si fueran seres orgánicos, bichos enormes que están a punto de moverse. Pero, si algo es notable, es el dibujo que van definiendo las sombras.
Estas sugieren hechos, situaciones, momentos, que todavía no han tenido lugar, que se quedan en insinuación, en sospecha y en temor de su realidad.
Si se trata de encontrar respuestas, para comenzar, habrá que subrayar el tema del reciclaje. En esta obra el reciclaje no aparece de manera literal sino por omisión. Es decir, no hay materiales de segunda mano, no hay nada recogido en basureros o que denote un uso anterior. Todo indica que aquí el reciclaje también apunta hacia nuestra creciente imposibilidad de accesar a mundos naturales y eso nos obliga a experimentarlos en una sala de exhibición y recrearla de manera artificial. Pues, hoy día, el reciclaje no es estrictamente ético, sino pende más de nuestra voluntad por construir ficciones. De ahí brota el parecido de las piezas que componen Trama con esos bosques de manglares que se despliegan en los litorales. Estas semi esculturas, instalaciones de dimensiones variables, nos transportan a lo impalpable. Todo ello nos enfrenta a una condición bastante triste: la civilización, que alguna vez promulgó su búsqueda de armonía con la naturaleza, ha fracasado.
Todo precepto de sana relación con la naturaleza es débil. Más allá de la belleza extraordinaria de la obra de Verónica Vides, Trama también es un paisaje del desasosiego. Implica la experiencia de la realidad, de la belleza de la naturaleza artificial, reciclada para que podamos accesarla en forma aséptica, segura, apta para individuos urbanos, visitantes de galerías y museos.
La verdad de hoy ya no es como la de antes. La verdad también es incertidumbre. La obra de Verónica Vides está cargada de lirismo y a la vez –en esa trama densa– con una serie de ironías.
Quedarse con su parte evocativa es desmerecerla. Porque este paisaje es, también, un panorama de nuestra pobre relación con la naturaleza, cada vez más lejana, acechada y confinada a la postal de nostalgias. La exposición es extraordinariamente bella y perversa. Tiene mucho de eso que tiene la ciencia ficción.
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