Es irónico cómo muchas cosas suceden en Guatemala y la historia nos lo ha ido demostrando paso a paso. La situación por suerte va cambiando, no todo lo que quisiéramos, pero cambia de aquellos quienes, sin ser 7 de diciembre, hicieron perchas de libros y les prendieron fuego en las calles, hacia aquellos que abrieron las compuertas del saber y pusieron a Guatemala a la hora del mundo. Nada menos se podía esperar en aquellos tiempos, cuando Guatemala pasó del dictador Ubico al maestro Arévalo, para volver otra vez a la persecución de la inteligencia con las dictaduras militares que se sucedieron a partir de 1954 o el gobierno civil de Méndez Montenegro que se rindió a sus pies.
Recuerdo la época de los estados de sitio y toques de queda con Arana, los cateos de casas y oficinas, así como aquel momento cuando me interrogaban por tener un libro que más o menos se llamaba Estos mataron a Kennedy.
Cuando se revisa la historia que recogen los medios y quienes la escriben, como la entrada violenta de la soldadesca a la Universidad de San Carlos en 1985, hecho que no podrá negar el general Mejía Víctores, uno dice: “Las cosas han cambiado poco, pero han cambiado”. Mañana viernes a las 10 de la mañana, en el patio de la Paz del Palacio Nacional, hoy de la Cultura y bajo el lema: “Vamos por un País de Lectores”, será lanzada la V Feria Internacional del Libro, que se desarrollará en el Parque de la Industria entre el 25 de julio y 3 de agosto, con la presencia, según los organizadores, de empresas editoras nacionales e internacionales.
Quienes se dedican a la edición o producción de libros, fortalecen el proceso de democratización, contribuyen a la cultura general de los guatemaltecos y ojalá continuemos en ese camino de producir más libros, menos balas y fusiles, porque la educación y la cultura contribuyen a mermar la delincuencia, aunque algunos estudian para ser diputados, pero eso ya no es culpa de los productores. El mismo día, a las cinco de la tarde, en el mismo patio del Palacio, se hará un homenaje a las víctimas de desaparición forzada, y se entregará el libro que recoge la historia de la masacre de Panzós. No tengan miedo de ir, aprovechen para ver la exposición fotográfica que hay en el salón del Palacio. Conocer la trágica historia no contamina y sí contribuye a que, quienes no entienden, entiendan que eso nunca más debe suceder.
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