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Guatemala, jueves 19 de junio de 2008

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Opinión:

Un respiro para las mujeres agredidas

Quienes sufren agresiones físicas y verbales deben romper con el silencio y denunciar.

Sylvia Gereda Valenzuela

Fuente menor Fuente normal Fuente grande
Pánico, miedo a quedar solas y sin apoyo económico, terror ante las amenazas verbales y físicas son algunos de los síntomas que día a día sufren las mujeres que son agredidas por sus parejas. Acá en Guatemala, hay que hablar claro: a pesar de que la mayoría de la población está conformada por mujeres, es este mismo grupo quien históricamente ha estado más desprotegido. Ellas son las que tienen menos acceso a educación, salud y  vivienda. Ellas son las que tienen menos oportunidades de trabajo y también las más discriminadas.

Acá no estoy dando una postura extremista ni feminista,  simplemente intento hablar desde una realidad que golpea a todos los niveles, desde la mujer más pobre hasta la más encopetada. Vivimos en una sociedad machista que quiere ejercer su dominio a la fuerza, a puñetazos, a gritos y a veces hasta a balazos. Las cifras no mienten, de acuerdo a la organización Red de la no Violencia contra las Mujeres, de 2001 hasta junio de 2008, ya sumaban 3 mil 900 asesinatos de féminas.

Vergonzosamente, Guatemala se ha colocado como el que ocupa el tercer lugar a nivel latinoamericano en asesinatos de mujeres, según un informe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Además, la defensoría de la mujer de la oficina del Procurador de los Derechos Humanos  señaló que durante 2008, solo en la capital se han conocido 250 casos de mujeres agredidas por sus convivientes. En este caso, se debe de tomar en cuenta que en el interior del país las cifras son superiores y que en la mayoría de los casos las mujeres aún no se atreven a denunciar por miedo a sus parejas.

Como periodista me ha tocado conocer casos de mujeres agredidas que lloran sangre, uno de ellos es el de una joven que fue lanzada por su conviviente del tercer nivel de un centro comercial ubicado en la zona 10, lo cual le causó 17 fracturas. El agresor fue liberado por el juez, quien consideró que se trataba de situaciones familiares y no de un intento de parricidio.

En otros casos, los operadores de justicia tardan meses o años en ordenar una medida de seguridad para la mujer agredida; y cuando esta llega ya es muy tarde. Un ejemplo es el de Karla Eugenia Guzmán. Seis meses antes de su muerte, Guzmán presentó la última denuncia ante el Ministerio Público contra Elio Imeri Díaz, pues señalaba que por vía telefónica, su ex conviviente la intimidaba. Su caso no fue atendido. Fue asesinada, supuestamente, por el sindicado, quien permanece en prisión.

Lo más alarmante del caso es que  los victimarios continúan en la impunidad. De acuerdo a CICIG,  de los crímenes contra mujeres ocurridos en los últimos 4 años, solo ha logrado hacer 93 acusaciones, y de estas solo 47 han llegado a juicio.  Sin embargo, en esta vorágine de abusos, un paso importante que Guatemala ha dado para la penalización del asesinato de mujeres  y la protección de las agredidas, ha sido la aprobación de la Ley contra el Feminicidio y otras formas de violencia contra la mujer, que el Congreso de la República aprobó el 8 de abril de 2008.  Esta ley histórica en Guatemala, penaliza con condenas de entre 25 y 50 años de cárcel los asesinatos de mujeres. La normativa también tipifica como delitos la violencia física, psicológica, sexual y económica.

El pasado lunes, elPeriódico publicó el caso de una mujer de 23 años, que en multiples ocasiones fue golpeada, amenazada y hasta atropellada por el carro de su esposo. Tras la última paliza que le propinó en su lugar de trabajo, esta joven se atrevió a acudir al Ministerio Público y 24 horas después consiguió que su victimario fuera conducido a prisión preventiva por el delito de violencia contra la mujer. Se utilizaron como pruebas, los golpes en la cara y brazos de ella, además de los constantes mensajes y llamadas a su teléfono móvil.

La Ley establece como violencia contra la mujer “toda acción u omisión basada en la pertenencia al sexo femenino, que tenga como resultado el daño inmediato o ulterior, sufrimiento físico, sexual, económico o psicológico”.

Con este caso se estrena la nueva Ley de Feminicidio y también se sienta un precedente para las miles de mujeres que aún temen por su integridad física y emocional, y no se han atrevido a denunciar.

A mi juicio, la denuncia, el hablar en voz alta, por más bochornoso que en un principio pueda ser, es la única manera de liberarse.

Guatemala está dando un importante paso para proteger a las mujeres. Si la mayoría nos unimos, quizás ese miedo que tiene paralizadas a miles, comience a disiparse. Es momento de hablar en voz alta y romper con la cultura del silencio. Es hora de denunciar al agresor.
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6 comentarios:

  1. Sergio Bolaños: (2008-06-19 17:46:37 horas)
    Dígame una cosa, cuando una mujer mata a un hombre cual es la pena? No ustedes mismas quieren igualdad de derechos? Le recuerdo que igualdad es para todo, derechos, obligaciones, responsabilidades. La ley del feminicidio es la payasadas mas grande del congreso, a como vamos cada sector va a querer su leyecita, a su gusto, el chofericidio, el marericidio, el indigenicidio, etc. Sin hacer tanto show es rídiculo, solo era necesario agregar una pequeña frase en donde se tipifica el asesinato, indicando que cuando se compruebe que este fue por el hecho de ser mujer, o por el hecho de ser indígena, o por el hecho de ser de una religión o secta determinada, la pena a imponerse sera de............., y asunto arreglado, le recuerdo que la vida de cualquier ser humano vale lo mismo, sean anciano, niño, mujer, hombre, así que no se hagan las únicas víctimas.
  2. MARCO VINICIO MEJIA DAVILA: (2008-06-19 15:23:11 horas)
    En 1994, cuando todavía no se hablaba de feminicidio ni de femicidio, mi esposa María Eugenia Muñoz y mi hija María Alejandra, fueron ultimadas por la cultura del machismo. En el medio rural guatemalteco impera el atraso y el caciquismo, la violencia y la superstición, como expresiones consustanciales de la miseria moral, más que de la pobreza material. Allí, ellas desafiaron el ambiente hecho a imagen y realidad de los hombres, en el cual la mujer es sólo un reflejo de la voluntad y querer masculinos. En esta sociedad patriarcal, subdesarrollada, desigual y marginadora, en la que la mujer es objeto de diversas formas de violencia, a ambas les tocó sufrir la más cruel e injusta. Castigar esos crímenes inútiles no fue únicamente una lucha contra la impunidad. Resultó una contienda con el machismo. El propio sistema jurídico es una pieza maestra de la opresión contra la mujer, controlado con rígida lógica masculina. Luego de dos prolongados juicios, logramos que el cabecilla de los criminales fuera condenado a 30 años de prisión. Dos de los victimarios murieron en su propia ley. Sin resignarse ni lamentarse por su condición de mujer, María Eugenia se atrevió a ser dueña y señora de una hacienda cuyo dominio le fue transmitido por su padre, quien, durante casi 40 años, la excluyó de tareas que consideraba reservadas con exclusividad para los varones. Las devoradoras de hombres en el campo, sólo han sido imaginadas en las novelas. María Eugenia se puso a dirigir su finca, sabedora que eso la distinguía dentro de la irracional división sexual del trabajo. La irracionalidad de estas muertes está asociada a la estupidez del machismo. La idiotez, crueldad e ignorancia de los asesinos fueron alimentadas por esa exaltación de la violencia como medio inmediato y fácil para dirimir cualquier diferencia, en menoscabo de la constitución, la personalidad y la esencia femenina. La violencia de quienes ultimaron a María Eugenia y María Alejandra fue producto de la inseguridad que éstos tienen en su propia masculinidad. Para esos homúnculos, es más macho quien más hace sufrir a las mujeres y quien no se deja mandar por ellas. Gracias a su artículo, rememoré esta tragedia que también ha sido un agravio contra todas las mujeres. Ahora que por fin se ha criminalizado todas las formas de violencia contra la mujer, no sólo advierto una manera de morir sino una apostura de vivir. María Eugenia Muñoz era una mujer siempre dispuesta a transformar el lenguaje. Como señala Luce Irigaray, el lenguaje no es neutro sino sexuado. A la mujer le fabricaron la mudez. La sociedad prefiere su silencio y trata con recelo a las que hablan bien. Hablar bien no es retorcerse verbalmente ni vigilar normas. Es decir lo preciso, para impedir la imposición de la mentira. El silencio parece algo propio de las mujeres y Marguerite Duras lo adjudica, "pues desde la noche de los siglos las han privado de la palabra". Gracias a María Eugenia, muchos aprendimos que la reconquista del lenguaje logrará derrotar la prolongada noche guatemalteca. Gracias a usted, también, porque sus palabras también nos iluminan para no cejar en la búsqueda de una sociedad en que las mujeres dejen de ser víctimas de una cultura infame. Por último, a los hombres que preguntan quién nos defiende a nosotros, responde: nosotros mismos si aceptamos que somos producto de una sociedad en que la violencia se convirtió en el medio de interrelación.
  3. Estuardo Ibarra: (2008-06-19 11:55:42 horas)
    yo solo le pregunto una cosa, si del 2001 al 2008 han habido 3,900 asesinatos de mujeres, cuantos han habido de hombres?? 10,000 ?? y cuantas condenas han habido?? que acaso el problema real de Guatemala no es la violencia y la ineficiencia del MP y la policia?? porque siempre tendemos a polarizar y a buscar beneficio para un sector y nos olvidamos del problema real??
  4. Luky Peñalonzo: (2008-06-19 10:06:24 horas)
    Da tristeza hablar del tema y del tema no puede apartarse el aspecto humano. Las agresiones contra la mujer son consecuencia de la pobreza, de la falta de oportunidades, de tener una vida digna, en un país poco desarrollado. Implican separación y desamor, familias destruidas, dificultad de adaptación a las nuevas condiciones de compartir su vida, malos tratos de todo tipo y, muchas veces, viajes peligrosos aunque sea al supermercado, frecuentemente cuestan la vida a algunas que se atreven a contestarles. Qué importantes parecen entonces aquellas sus cartas, sus palabras, sus promesas, todo suele terminar ahora en agresion. A las promesas, palabras y amores se las llevo el tiempo, sólo quedan ilusiones liquidadas, y si tan siquiera aquella pudiera atravezarse el océano eso seria lograr otra vez su amor. Cuando todo el mundo se le echa encima, debe haber alguien que la redima en alguna forma? La verdad, es que a pesar de todo lo que el dice en su contra, es corrupto. Amor no.
  5. Alejandro Cienfuegos: (2008-06-19 10:00:05 horas)
    Sra. Gereda: Y a los hombres quien nos defiende? O no sabía usted que existen mujeres abusivas y agresivas, que constantemente someten a sus conyuges, exconyges e hijos a violencia psocológica y a denigración, tranzando las relaciones paternofiliales según su criterio divino y misericordioso... dejando a hijos huérfanos de papá y a papás muertos por dentro por no poder relacionarse libremente con sus hijos... A nosotros quien nos defiende????
  6. MANN PELLECER: (2008-06-19 09:36:13 horas)
    Quien es mas débil debe ser protegid@. Sin embargo, puede que una persona sea agredida una vez, y obviamente hay que hacerle justicia. Pero quien se deja por segunda vez, ya es COMPLICE. Por otro lado, la ley se presta para seguir confrontando al agresor y agredido en los tribunales, cuando debería automáticamente de oficio entrar el MINISTERIO PUBLICO a representar a la victima para evitar que por temor o por intimidación retire la demanda. Ahí es donde el estado debería tomar el caso hasta el final. El Ministerio Publico debe hacer su función. mannpellecer@yahoo.com
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