A estas alturas, ya se han conocido algunos “trapos sucios” de dos políticos que ocuparon el cargo de presidente del Congreso, Eduardo Meyer (UNE) y Rubén Darío Morales (PAN). Sin embargo, estos “trapos sucios” no son los únicos que existen en el Congreso.
Lo de los asesores ha sido un escándalo continuado desde hace varios años, así como lo de los depósitos e inversiones millonarios en instituciones financieras y bursátiles.
Sin embargo, poco de todo esto ha trascendido a la opinión pública, debido a la imposibilidad de acceso a la información pública en el seno del Congreso.
Algo se supo de las gestiones de los ex presidentes Jorge Méndez Herbruger (Gana) y Rolando Morales (UNE). No obstante, lo grueso de las irregularidades y anomalías permanece oculto, en secreto.
Las interioridades de la gestión del general Efraín Ríos Montt como presidente del Congreso (2000-4) también han sido poco conocidas, debido, en gran medida, al hermetismo que se mantuvo durante la gestión eferregista. Sin embargo, trascendieron escándalos como la alteración de leyes.
Es tiempo, entonces, de que se permita el libre acceso a los archivos y registros contables del Congreso, a fin de que la opinión pública conozca, a ciencia cierta, los despropósitos que se han hecho en su nombre en el seno del Congreso.
También es necesario que la Contraloría General de Cuentas dé a conocer los hallazgos que resulten de su auditoría.
Asimismo, la población tiene derecho a saber cuánto se ha gastado en viajes, prebendas, asesores, gasolina, viáticos y gastos de representación, así como sobre si se han respetado los procesos de licitación y cotización previstos por la Ley de Contrataciones del Estado para las contrataciones y adquisiciones de bienes y servicios.
En todo caso, se esperaría que los que resulten responsables del mal manejo de los fondos públicos en el Congreso sean debidamente juzgados y condenados por los tribunales de justicia, a fin de que expíen sus culpas en las cárceles del país. Sería imperdonable que se salgan con la suya y que los delitos queden sin castigo.
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