La bancada patriota cuestionó ayer al Superintendente de Bancos (Sib) sobre su responsabilidad en la difusión de las transacciones de Otto Pérez.
Por: R. Estrada / E. Naveda
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Fue un duelo o más bien un asedio. El asunto a dirimir, quién filtró los movimientos financieros de Otto Pérez Molina. La bancada patriota, indignada, gritó, acusó y pronosticó que el superintendente de Bancos, Edgar Barquín, irá a la cárcel por infringir el secreto bancario. Este, que se mostró templado y a veces dubitativo, tuvo dificultades para fundamentar sus respuestas en preceptos legales. Los patriotas le exigían constantemente simplicidad. Las preguntas patriotas manifestaron una dirección clara: probar que el Superintendente actuó con cálculo y diligencia en el caso de Otto Pérez y con indolencia en lo tocante a Eduardo Meyer. Barquín negó que fuera él quien revelara la información sobre el dirigente político. Y dijo que lo que entregó al Ministerio Público fue “una relación de hechos”, que incluía 22 nombres más. Los patriotas inquirieron por qué la Sib tardó meses en darse cuenta de la transacción de Q82.8 millones del Congreso y apenas unos días en conocer la de un particular que había recibido Q688 mil 500. El Superintendente, tamborileando con los dedos, explicó que la entidad supervisora depende de que los oficiales de cumplimiento de los bancos reporten las transacciones sospechosas y que Banco Uno no lo hizo hasta el 5 de junio. De sus palabras se desprendió que hasta entonces no pudieron comenzar las averiguaciones, pero que a partir de ese momento hubo varios hallazgos. El de Otto Pérez, que solo es uno de ellos, se dio al investigar la cuenta en la que el Congreso tenía su dinero. Un caso especialLa bancada naranja cuestionó reiteradamente por qué Barquín personalmente llevó la información al Fiscal General, y por qué en domingo. ¿Se trataba de un caso especial? En su contestación más completa, el funcionario adujo la fecha del inicio de las investigaciones para explicar el momento.Admitió que efectivamente se trataba de una ocasión especial, dado que aparecía el nombre de Otto Pérez: quería asegurarse de que no saldría a la luz, argumentó, y por eso no usó intermediarios. Los patriotas, que recibieron la frase como una constatación de que él fue el infidente, también le interrogaron sobre cuántas transacciones sospechosas han remitido los bancos a la Sib y cuántas transmitió el funcionario al MP. Durante buena parte del cuestionamiento, Barquín respondió que no sabía y que mandaría el dato. En el ambiente flotaba la sospecha de que solo la de Otto Pérez. Y las preguntas de los patriotas se centraban en confirmarlo. Después de dos horas, Alejandro Sinibaldi exigió la información. Se envió un emisario a la Sib y, cuando regresó, el funcionario dijo: “Son 110”. |
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