A sus 67 años, había actuado en más de 200 obras de teatro. Su vida giró en torno al arte escénico, aunque este solo le recompensó con aplausos.
Por: Susana Portillo
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La obra que ensayaba a principos de este mes Eva Ninfa Mejía Pardo era Vida estamos en paz. La presentación pretendía conmemorar sus 50 años sobre las tablas, pero una repentina obstrucción intestinal le quitó la vida el miércoles 11 de junio. Nació en Guatemala el 24 de enero de 1941. Su padre fue uno de los directores de la desaparecida Lotería Chica y su madre, ama de casa. A los 15 años ingresó a la Academia de Arte Dramático de la Universidad Popular. A esa edad conoció al “escritor endemoniado”, Manuel Corleto, con quien se casó y procreó tres hijos. Después de cinco años de matrimonio, la pareja se separó. Su primera aparición en escena fue en A las 6 en la esquina del Boulevard en 1960. Eva Ninfa, al momento de actuar se convertía en otra persona. Sus compañeros recuerdan con admiración la forma en que se transformó en una mujer coqueta y seductora –una imagen que no correspondía con su personalidad real– al darle a vida a Laurencia en Fuente Ovejuna. Entre las obras más conocidas en las que participó está El Señor Presidente con 200 presentaciones en todo el país y después actuó en La Calle donde tú bebes, que sumó 900 presentaciones. El teatro no representaba un ingreso económico suficiente, así que consiguió varios empleos durante el día, para dedicarse a dar clases y al teatro por las noches. Hasta su muerte, era la secretaria de la Universidad Popular. La actriz fue la fundadora del primer grupo de teatro para niños, en el que sus hijos siempre ocuparon un espacio en escena. Ella fue quien impulsó las primeras obras teatrales con niños ciegos y sordos. Los fines de semana se le oía gritar a sus alumnos, pero no se trataba de regaños, su voz se alcanzaba a escuchar hasta el lugar más recóndito de la UP: impartía clases de voz y dicción. Sus alumnos la recuerdan siempre erguida, estricta y “gritona” con un gran sentido del humor. Ella fue, de hecho, quien fundó los cursos sabatinos de teatro en esta institución. Entre risas, recetas medicinales, llantos, sorpresas y brindis, Eva Ninfa, sin saber que se preparaba para la muerte, ensayó Vida estamos en paz. Hacía el papel de Luisa, una señora de la tercera edad que reflexionaba sobre lo que hizo y dejó de hacer en su vida. El hijo mayor de Eva se pregunta por qué su madre calló las manifestaciones de su enfermedad. Es médico y explica que la obstrucción intestinal es un proceso lento que debió de manifestarse o con dolor o con pérdida de apetito. Eva nunca dijo nada. Su imprevista muerte dejó sin actriz a la obra que serviría como conmemoración de su vida en el escenario. El evento será ahora un homenaje póstumo. |
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