Apareció vestido con aires de cantante pop. Tomó su guitarra acústica y empezó a desgranar el repertorio preparado para esa noche (miércoles 18, Teatro del IGA) que tituló Classical and contemporary guitar, en inglés quizá por vivir en California o debido a la deuda que el guatemalteco Estuardo Linde adquirió con el condado de Hollywood, cuando en los World championships of performing arts, WCOPA, de 2006, le reconoció como ganador de la gran final en la categoría principal de instrumentista.
Aunque ver en los volantes de la propaganda que se anunciaba con el título de, “Instrumentista gran campeón del mundo”, no solo resultaba pretencioso sino además temerario. Pero ese día Linde se ocupó de aclarar el asunto no con palabras sino con muestras de capacidad.
A manera de calistenia abrió con Danza en E menor, de Jorge Morel, pero fue en el Estudio I y VI, de Leo Brouwer, donde Linde además de técnica y expresividad, mostró un sonido esculpido a su propio gusto. Tras de eso se presentó Koyunbaba, Op. 19, de Carlo Domeniconi, una obra con una paleta sonora oblicua, melancólica, con armónicos extraños, líneas raudas e intensas y en las que este guitarrista de 22 años decidió poner toda la carne en el asador. Y lo hizo bien.
La segunda parte tuvo como atractivo el estreno de La tregua, escrita por el guatemalteco Juan Carlos Mata, y continuó con Evocación y Carnavalito, de José Luis Merlín, ambas latinoamericanas y contemporáneas que son cuasi letanías y fiesta a la vez, y en la que hubiese sido elegante que Linde no llorara.
De compañero de aventura tuvo el pianista Román Lemus, con quien reformuló la obra de Astor Piazzolla: Verano porteño, La muerte del ángel y Libertango, siendo quizá la parte más innovadora, más elaborada y más rigurosa de todo el concierto, sea por el tratamiento que le dieron, por la ayuda de uno u otro apagando las cuerdas de los instrumentos con las manos, por la dinámica en fragmentos cortos o por la forma de coincidir en puntos melódicos y luego separarse.
Lemus también actuó sólo, con tres composiciones contemporáneas propias, en las que parece citar a George Winston.
El concierto no fue del todo redondo, pero Linde es un joven con talento, que no rehúye el riesgo en la mezcla de colores rítmicos y expresivos gracias a su viva técnica y desinhibida energía. Como verá, lo de “Campeón del mundo” no es del todo ficción.
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1 comentarios:
alfonso villacorta: (2008-06-27 15:09:28 horas)
La ficcion es que un campeon del mundo no tiene ni promocion, mucho menos un reconocimiento de autoridad gubernamental ni de empresa privada. %D�omo todo guatemalteco de los grandes, con suerte va a poder salir del pais y seguir su carrera y convertirse en otro orgullo nacional.%D%ALo mejor que podria pasarle en Guatemala es que sobreviva a un asalto a mano armada para robarle la guitarra y el atril.
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