Al gobierno le corresponde liderar el gran cambio.
César García
Es obvio que desde la perspectiva del típico politiquero marrullero, la teta del Estado resulta inagotable; también apuestan muchos de ellos (as) que el abuso, la transa, el nepotismo, el amiguismo y la corrupción que les ha garantizado –a miles de politiqueros guatemaltecos– la formación de una riqueza súbita, podrá perpetuarse y que los ciudadanos que mantienen con sus impuestos a los –mayoritariamente– cínicos “servidores” públicos, prolongarán su paciencia para siempre.
Las cosas no serán así; la inflación –y no la justicia– se está encargando de abrirles los ojos –primariamente– a las capas sociales menos favorecidas, quienes ven cómo su ingreso real va en franco deterioro. Para citar un ejemplo, si aplicamos la inflación interanual registrada en Guatemala, a una familia con ingresos familiares mínimos de Q 2 mil, un incremento de precios del 12 por ciento significará que si antes destinaba a la compra de alimentos Q 1,800 –a partir del incremento de precios– necesitaría Q 2 mil 16 para comprar la misma comida; pero siendo sus ingresos solamente Q2 mil y teniendo necesidad de hacer otros gastos como transporte, etcétera, deberá reducir su ingesta de alimentos o bien optar por alimentos de menor valor nutritivo, lesionando así la salud del núcleo familiar.
El fenómeno inflacionario castiga con mucho mayor rigor a las familias que dedican una proporción mayor de sus ingresos a la compra de alimentos… es decir, a las familias pobres. En la medida que los ingresos van creciendo, la proporción de estos que se destina a alimentos es menor y por ende, subiendo en las capas sociales, la inflación impacta menos a los menos pobres. La crisis económica, que se está manejando con los pies por parte de la tecnocracia, amenaza con incrementar, no solamente la pobreza, sino ya está exacerbando nuestros sempiternos y vergonzosos problemas, como la desnutrición crónica infantil. Al contrastar esta problemática humana con la corrupción campeante y creciente, de la cual nos podemos percatar diariamente y gracias a los medios de comunicación, no es difícil predecir que la ingobernabilidad está acercándose cada vez más. El cántaro que ha viajado al pozo de la corrupción y la inmundicia, desde el inicio de nuestra precaria democracia, ya está rajado y pronto –de no enmendarse el camino– se romperá, la gran pregunta es: ¿necesitamos los chapines para reaccionar, tocar fondo y ver nuestras calles infestadas de desorden, violencia y desgobierno?, ¿esperaremos a que colapse nuestra frágil democracia para empezar a valorarla?
Es obvio que a quien le corresponde liderar un cambio es al Gobierno; sería un gran paso, en pro de su doliente credibilidad, promover la renuncia a la inmunidad en todos los servidores públicos, pues está claro que los facinerosos que viven a expensas de nuestros impuestos han confundido la inmunidad con impunidad garantizada. Estamos pisando arenas movedizas ¡ojo!
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3 comentarios:
Sergio Bolaños A.: (2008-06-27 17:36:09 horas)
Totalmente de acuerdo, pero es mas facil que ud se rasque el ojo con su codo, a que los corruptos funcionarios de gobierno hagan lo mínimo para corregir el problema.
Victor Martinez: (2008-06-27 16:18:02 horas)
El gobierno debe reducir su tamaño radicalmente. Se debe asignar una cifra para su manutención de acuerdo con las actividades a desarrollar.
Los 3 poderes del Estado han sido asaltados por las turbas políticas en todos sus niveles.
El Estado esta siendo usado para pagar promesas políticas. Total, quien paga somos los contribuyentes, no el pueblo.
Hay mucha diferencia entre ser contribuyente y ser del pueblo. Ser contribuyente tiene un aspecto económico y no todo el pueblo contribuye. Eso sí, todos se benefician.
Sin este recurso nada se mueve. Tenemos mucho poder en nuestras manos, lastima grande que no sepamos como usarlo todos juntos.
Quitar a los políticos de sus actuales posiciones está difícil. Pero quitarles el apoyo económico la cosa cambiaría.
3 comentarios: