Del 3 al 20 de julio se estará celebrando la XVI edición de la Bienal de Arte Paiz. Fundada en 1978, el evento celebra los 30 años de su concepción. Nelson Herrera Ysla, director general de la actividad, y el equipo de curadores nos explican en qué consisten estas variaciones y qué es lo que debemos esperar de esta nueva edición del espejo más potente del arte contemporáneo en Guatemala.
Valia Garzón:
Considero que la Fundación Paiz ha dado un paso extraordinario al
desmantelar un modo de hacer que ya era obsoleto. Hablando desde el
comité de curaduría, pienso que estamos ante una selección de artistas
que están haciendo aportes extraordinarios. Algunos han trascendido ya
a nivel internacional y sus propuestas se han medido en otros espacios
que les han dado credibilidad y legitimación. El equipo de curaduría,
cuya creación es un hecho sin precedentes en el país para un evento
como este, ha trabajado con seriedad y responsabilidad. Formar parte de
este equipo ha sido una oportunidad única de participar en un complejo
mundo basado en la toma de decisiones.
Si bien existe la voluntad institucional de hacer cambios, todavía
veremos una exhibición que, por diferentes circunstancias, será una
propuesta de transición. Los cambios, aunque han sido percibidos como
radicales, aun llevan en su interior estructuras de los eventos
anteriores. Por ejemplo: los premios, que la hacen estar aún a medio
camino entre “el ser” y el “deber ser”. Sin embargo, lo importante de
esta edición será la calidad de las obras de los artistas, colocadas
con una museografía que apoye el discurso curatorial, dentro de un
entorno urbano al que le deberemos gratitud.
Miguel Flores:
El formato de esta nueva edición significa el genuino interés por la
renovación y de paso validar el arte contemporáneo de una vez por
todas. La XVI Bienal Paiz ha logrado sintonizar al evento con los
signos de los tiempos y sus verdaderos actores, artistas en continua
búsqueda y actualización. A nivel teórico se está dando una luz sobre
lo que es el arte hoy en día, en una total apertura, donde se borran
los estancos tradicionales del arte plástico. El acompañamiento
curatorial ha sido enriquecedor en las dos vías, el que ha permitido
unir la expresión de los artistas y las diversas plataformas que
plantea el guión de la bienal. Con ellos se discutió mucho, y a partir
de esas discusiones los resultados son contundentes. En el caso del
grupo La Torana, había que guardar la individualidad de sus cinco
integrantes, pero guiarlos para fundirse en una sola voz. En otros
casos fue reafirmar la validez de los lenguajes y medios con los cuales
están más familiarizados los artistas. Insistimos mucho en no caer en
el síndrome Bienal, donde cada artista quiere ponerse al día utilizando
medios ajenos y generalmente improvisando, y eso puede ser una
catástrofe. La discusión con los artistas, el acompañamiento continuo,
les ayudó a denotar sus fortalezas en determinado lenguaje y explorarlo
hasta las últimas consecuencias.
Víctor Martínez:
Nuestro desafío como equipo fue detenernos para reflexionar y
redireccionar el rumbo. Diseñamos una Bienal en transición, más acorde
a las necesidades actuales y a las más de 200 bienales que se celebran
en el mundo. Todo proceso de cambio trae consigo satisfacciones y
desafíos. Como equipo curatorial, hemos caminado correctamente al
ordenar y valorar la creación contemporánea. También hemos
experimentado la gran diferencia que existe entre la simple
“colgaduría” y un proyecto creativo. Personalmente, he encontrado mucha
riqueza y satisfacción en la pluralidad de las miradas y en la
experiencia de lo colectivo. Por otro lado ha sido un camino difícil
tener que conciliar una nueva estructura dentro de viejos esquemas, y
los sentimientos extremos que esto despierta. Por un lado, el sobre
proteccionismo hacia los valores de la estructura administrativa versus
la valoración humana hacia lo creativo, ha sido una constante tensión.
Este punto será un tópico vital en las siguientes ediciones de la
Bienal Paiz, si realmente queremos que ésta sea un laboratorio de las
artes, creativa, innovadora, original, transgresora y promotora de
transformaciones. Debemos insistir en la apertura de espacios de
diálogo.
Guillermo Monsanto:
Esta Bienal, en su XVI edición, está proponiendo un nuevo orden de
análisis, que facilita la visualización de ideas y no de artistas en
particular. Hablo de pensamientos que se desarrollan, todos, dentro de
un contexto contemporáneo. Además, ha sido positivo trabajar con un
equipo interdisciplinario que ha matizado y sopesado proyectos tan
diversos, con absoluta democracia, aportando sus propia formación y
experiencia en el campo de las artes visuales. En lo personal, el grupo
de artistas que quedó bajo mi acompañamiento curatorial es bastante
homogéneo y responsable: En él hay un abanico en el que se incluyen
artistas muy consolidados como Moisés Barrios, Alejandra Mastro,
Guillermo Maldonado o Lourdes de la Riva, hasta creadores emergentes
como Mario Santizo o Abel López, entre otros jóvenes igualmente
sobresalientes. Todos los proyectos seleccionados poseen el carácter de
obra ganadora pero, tal vez, el tema más escabroso venga de los
trabajos que cuestan más que el premio que otorga la institución. La
producción de varias de las propuestas son elevados y el nivel en el
que estos profesionales están trabajando es de carácter internacional.
Del 3 al 20 de julio se estará celebrando la XVI edición de la Bienal de Arte Paiz. Fundada en 1978, el evento celebra los 30 años de su concepción con un cambio radical de los parámetros en que se había desarrollado hasta la fecha. Nelson Herrera Ysla, director general de la actividad, y el equipo de curadores nos explican en qué consisten estas variaciones y qué es lo que debemos esperar de esta nueva edición del espejo más potente del arte contemporáneo en Guatemala.
Por primera vez en su historia, la Bienal de Arte Paiz celebra una edición lejos de sus parámetros comunes. Desde 1978, esta bienal ha transitado por terrenos diversos y en algunos casos ha promovido cambios momentáneos. A pesar de no ir más allá de un evento de tipo convencional, localmente ha sido considerado como uno de los grandes eventos de las artes visuales en Guatemala. A 30 años de su concepción, esta es la primera vez que sus organizadores han decidido replantear su concepción y estructura. Esta conversación con Nelson Herrera Ysla, Director General de la XVI edición, relata lo fundamental en esta nueva etapa de la bienal.
¿Cómo surgió su invitación para ser Director General de la Bienal Paiz? -A partir de mi experiencia como Jurado de la anterior Bienal, en 2006, cuando hice públicas mis opiniones críticas sobre algunos aspectos del evento ante la Fundación Paiz y ante los artistas, sospecho que la Directiva consideró que yo podría ayudar a mejorar el evento. Y así me lo hicieron saber en agosto del 2007.
¿Por qué se decidió que esta edición fuera de transición? ¿Por qué no algo más radical? -Creo que esta es algo más que una Bienal de transición. Los cambios que hemos introducido son radicales si comparamos el actual modelo con los anteriores, desde que fue fundada en 1978. Podría pedirse más, pero sería exagerado. Los riesgos y aventuras de esta edición son suficientes. Lo más importante, a mi juicio, es que debe convertirse en un verdadero entrenamiento para todos, los de adentro y los de afuera de la Fundación.
¿Cuál es el aporte más importante de esta nueva etapa? -El aporte esencial es en materia de investigaciones y de curaduría, el cual estimo debe ser inherente a todo proyecto artístico de esta envergadura. Al mismo tiempo hemos insertado una manera de relacionar el arte contemporáneo con los espacios donde van a estar ubicadas las obras. Esta relación abarca no solo los edificios en sí, sino también la ciudad y su trama urbana, pues muchas obras estarán en la calle, en pleno contacto con el ciudadano de a pie, con los automovilistas. El arte debe recuperar el espacio de donde surgió en la antigüedad, que es la calle, las plazas. Por tanto el aporte es en dos direcciones: el conceptual y el de puesta en escena.
¿Y sus dificultades? -Los temores lógicos que todo cambio provoca en las personas no habituadas a lo nuevo. Dudas, inquietudes, incomprensiones que en ocasiones dificultan la fluidez del trabajo… Pero eso es, paradójicamente, muy estimulante para quienes tenemos la responsabilidad de llevar hasta sus últimas consecuencias el proyecto.
¿Qué puede decirnos de su equipo de curadores? -Creo que en Guatemala hay notables artistas con alto sentido crítico para encarar cualquier proyecto complejo. Como respuesta, el equipo de curadores que reunimos para esta ocasión es inmejorable. Solo conocía bien a Valia Garzón y algo menos a Rosina Cazali y Víctor Martínez. De Miguel Flores y Guillermo Monsanto tenía referencias lejanas hasta que los traté de cerca. Me ha asombrado la acogida que me han dado, la honestidad de sus relaciones y el rigor profesional con que actúan, junto a una buena dosis de humor, tan necesaria siempre y que han derrochado en el trabajo. Estaría dispuesto a asumir cualquier otro proyecto en el futuro con ellos.
¿Cuál ha sido la función de este equipo para la XVI Bienal? -La de estimular a los artistas para que puedan realizar sus obras de acuerdo al espacio asignado a cada uno y de colaborar en el montaje junto al responsable máximo que es Adrián Lorenzana. Debemos trabajar unidos para llevar a feliz término todo lo que hemos elaborado durante meses.
¿Qué implica desarrollar un tema central para una bienal de arte? -Los grandes eventos contemporáneos de arte deben girar alrededor de una idea básica, esencial, a manera de pivote, capaz de articular todo el complejo sistema que significa. Un tema central está presente como en todo proyecto, ya sea en el campo de las ciencias, la economía o la política. Con ello dejamos a un lado la vieja concepción de muestrario, de vitrina grande, de bazar, que es más apropiada para centros comerciales o ferias. Se dedicó un buen tiempo a la búsqueda de esa idea central, de ese eje de reflexión, pero valió la pena.
¿Cuál es el tema para la VI Bienal de Arte Paiz? -“Guatemala: el individuo y sus circunstancias”. Surgió de varias discusiones en el equipo de curadores, preocupados todos por la realidad del país, su historia, sus décadas de lucha abierta y oculta, la violencia, sus dramas sociales, su extraordinaria riqueza cultural. En principio era un secreto homenaje a ese gran guatemalteco que es Luis Cardoza y Aragón, por aquello de redescubrirnos a través de las líneas históricas que se imprimen en nuestras manos. Lo del individuo y sus circunstancias es un préstamo a Ortega y Gasset. Proviene de una máxima de este pensador español, la cual implica una forma de vernos y comprendernos frente a nuestras circunstancias, para abrirnos paso en nuestras hoy, dialogar con nuestro mundo, con nuestro pasado y con nuestros semejantes.
Una bienal de arte, ¿tiene la responsabilidad de desarrollar un tema en la luz pública? -Claro que sí. Lo mejor es hacer públicas nuestras preocupaciones, nuestras ideas, someterlas al juicio de los demás, hacerlas visibles en la selección de los artistas, de las sedes, del espacio urbano y de las exposiciones especiales. Nos gustaría confrontar esas ideas en debates con otros sectores de la sociedad para generar una sincera cultura de la discusión en estos tiempos difíciles que vivimos.
En relación a las otras bienales que se desarrollan en Centroamérica, ¿cómo situaría esta bienal? -En la actualidad la Bienal Paiz es uno de los eventos que se suma a los cambios en la región. Luego de esta experiencia que estamos desarrollando desde agosto del pasado año, los organizadores de las restantes bienales de la región se nos han acercado para conocer a fondo nuestra experiencia, los cambios introducidos y ya hemos conocido una positiva recepción a los mismos. A partir de este año, las bienales centroamericanas serán otras y eso se lo debemos al espíritu general de transformación que prima sobre las bienales de Guatemala y las otras. También al empeño y la confianza que ha depositado en nosotros la Fundación Paiz.
Para finalizar, ¿cómo representa esta Bienal el mapa del arte contemporáneo de Guatemala? -Están invitados casi 50 artistas individuales, más un colectivo, el Grupo Torana. Representan a casi todas las generaciones en activo del país. Lamentablemente no pueden estar todos los artistas por razones obvias de espacio y económicas pero están presentes todas las expresiones de la visualidad. Hay artistas de Comalapa, de Atitlán y algunos que viven en el extranjero. Guatemala es muy rica en arte contemporáneo pero no tiene un sistema institucional estatal que lo promocione con fuerza en el área y menos en el resto del mundo. Los artistas que no están presentes en esta edición, seguramente lo estarán en una próxima. En una sola no podemos abarcarlo todo, pero la historia de las bienales Paiz, en sus 30 años de existencia, ha demostrado ser el espejo más potente del arte producido en Guatemala.
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3 comentarios:
Sarah Carrere Mbodj: (2009-12-27 16:55:52 horas)
Mucha suerte para sus empenos! Good luck and long live Lake Atitlan!
Estaremos atentos de poder desarollar enlaces con artistas de Africa
Sarah de paso a centroamerica
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susana alvarado: (2008-07-01 20:24:45 horas)
Totalmente de acuerdo con Andy...El Acordeon es de las cosas que más extraño todos los domingos cuando no estoy en Guatemala....especialmente cuando llueve.
Andy Javalois: (2008-07-01 11:01:35 horas)
El suplemento dominacal "elacordeón", es desde los albores del prestigiosomedio en que se publica, una de las pocas ventanas por la que apreciar, no solo cuestiones de la cultura nacional, sino, también, una oportunidad única para conocer otras visiones y propuestas. Entre el mar de noticias desafortunadas que diaramente pululan en los diversos rotativos, el periódico hace un tanto más agradable la existencia con un oásis de información en algo que no es violencia.
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